Esta mañana, mientras estaba arreglándome las cejas, (cosa que hago día sí, día no, porque tengo unas cejas algo rebeldes), me he puesto a reflexionar sobre ellos.
Ellos, los vellos. Los pelos.
Y sobre todo, pensaba en el suplicio y el coñazo que suponen. Sobre todo ahora en verano.
Yo creo que los pelos son un castigo divino. Pero no divino-de-la-muerte, ossssea. Sino divino, porque lo mandó Dios.
Sí.
Cuando Adán y Eva comieron de la manzana prohibida, Dios se cabreó que no veas.
Que no es por nada, pero yo creo que la cosa no era pa' tanto. Por una manzanita de nada, que seguro que estaba hasta verde... Hay que ver la que se lió. Que si Adán y Eva se hubieran puesto morados de ostras, caviar ruso y Moët Chandon, al precio que van... Pues ahí sí, entiendo que Dios se enfade y tal. Y les obligue a fregar los platos (porque esos dos no tenían dinero ni para ropa, que iban en pelotas por el Paraíso, ¡como para pagar esa cena tan lujosa!.
Y entiendo que los expulse del restaurante, y Paraíso, y todo eso.
Pero por una triste manzana... En fin, los designios del Señor son inescrutables.
A lo que iba. Dios se enfadó mucho, expulsó a Adán y Eva del paraíso y castigó a los hombres. Y los condenó a ganarse el pan con el sudor de su frente, o sea, a currar para poder comer. (Aunque este castigo no va con algunas...).
Luego castigó a la mujer (hay que joderse, ahí Dios sí que distinguió por sexos), a parir con dolor.
Y no contento con todo esto, Dios dijo: "Y además, seréis peludos... Y los hombres tendréis que afeitaros y las mujeres tendréis que haceros las ingles brasileñas si queréis estar decentes en la playa".
Y sólo entonces, Dios quedó contento. Pero nos dejó con la obligación de trabajar para comer, con los partos dolorosos (que luego se solucionaron con la epidural. EPIC WIN), y con la jodienda de los pelos. Chimpún.
Vaaaaaaaale. Ahora, en serio. Dejemos a Dios y a la Biblia tranquilos. Somos peludos porque somos mamíferos, primates, descendientes del mono. Tenemos pelo porque nuestros antepasados fueron monitos.
Vale. Chachi.
Pero nuestros antepasados peludos caminaban a cuatro patas, tenían el cráneo más pequeño, el cerebro en consonacia, también más pequeño,... Y nosotros, los seres humanos, caminamos erguidos, tenemos el cráneo más grande, tenemos más masa cerebral (bueno, no todos),...
En fin, hemos digi-evolucionado.
Pero... seguimos teniendo pelo por todo el cuerpo. Entonces, millones y millones de años de evolución, ¿para qué? Que venga Darwin y me lo explique porque yo no lo acabo de entender. ¿Evolucionamos en todo, menos en el tema "pelos"? Pues vaya mierda...
Y otra cosa: ¿qué utilidad tiene hoy por hoy el vello corporal?
1. Nos protege de las inclemencias del tiempo. O sea, nos abriga cuando hace frío.
Pero vamos a ver... Yo, si tengo frío, me pongo un jersey, una chaqueta, una bufanda y unos calcetines de lana. Y tan a gusto. Y no me hace falta para nada que me abrigue la pelambrera de las piernas.
Y como yo, supongo que todos lo presentes, ¿no?
¡Pero si hasta nuestros antepasados se cubrían con pieles de animales!
Entonces... ¿por qué esos pelos no se han ido, si ya no tienen razón de ser ni utilidad?
Y otra cosa: ¿los pelos de las axilas también sirven de abrigo?
¿Vosotros pasáis frío en las axilas? ...
¿Para qué sirven los pelos en esa parte concreta del cuerpo? ¿Alguien tiene la respuesta?
2. El pelo sirve para evitar que entren cuerpos extraños en determinadas partes.
Es, por ejemplo, el caso de las cejas y las pestañas. Están ahí para evitar que nos entre polvo, sudor, etc. en los ojos.
También es el caso del vello púbico, ¿no? Evitar infecciones en la zona genital ocasionadas por la entrada de cuerpos extraños en ella.
Pero estamos en las mismas que antes. La gente suele llevar ropa interior que protege y tapa esa parte. La gente no va sin bragas o calzoncillos por la vida... (Bueno, Paris Hilton, sí).
Entonces, si usamos ropa interior, ¿para qué nos tiene que salir vello en esa zona?
Y ya no es sólo en esa zona... también es la zona periférica: o sea, las ingles.
Y no son cuatro pelitos de nada, no. Como te los dejes crecer todo el invierno, cuando llega la hora de ponserse el bikini, tienes ahí el Amazonas con sus aborígenes y una expedición de Miguel de la Quadra-Salcedo incluída.
¿Y qué me decís del pelo que sale de la nariz y las orejas? ¿Y el de la espalda?
...O el vello facial. En el caso de las mujeres es especialmente antiestético.
Y no me refiero a una suave e imperceptible pelusilla como de piel de melocotón. No.
Me refiero a esos cuatro pelacos negros y pinchosos que les salen en la barbilla a algunas mujeres mayores. ¿Por qué? ¿Es una especie de arma defensiva? En plan: ¡Eeeeh, no te me acerques que te pincho con mis pelos asesinos!
No sé. Pero es feo.
Y lo que más me fastidia del tema de los pelos es que es discriminatorio.
En el caso masculino, ser peludo es más llevadero. No supone tanto suplicio.
Los hombres pueden/podéis elegir si os depilais o no. No es una obligación, es una opción.
En nuestro caso, en cambio, la depilación es obligatoria. Sí o sí.
Un hombre va a la playa con las piernas llenas de pelos, la espalda y la tripa peludas... y nadie le va a decir ni mú. (Aunque cada vez son más los chicos que se depilan, es cierto).
En cambio, si una chica fuera a la playa con toda la pelambrera, todo el mundo se la quedaría mirando y comentaría. Nosotras mismas, las mujeres, somos las peores: "Mira ésa, qué pelos lleva en el sobaco...".
Tenemos ya tan asumido que "toca" depilarse, que no contemplamos otra posibilidad. Lo aceptamos y ya está.
Y luego, de los métodos para eliminar el pelo, ninguno es 100% perfecto:
-Los duraderos (cera, maquinilla eléctrica), implican arrancar el vello de raíz y duelen. *Auch*
-Los que no no duelen (cuchilla, crema depilatoria- que hay que ver lo mal que huele, la jodía-), tienen un efecto poco duradero. De esto que te afeitas las piernas hoy, y mañana ya las tienes como para rallar pan en ellas.
Un desastre.
Y después está la fotodepilación, que nos venden como definitiva. Pero NO lo es. Reduce el vello bastante y retarda mucho su aparición. Pero siempre queda algo. Lo sé por propia experiencia .
Además, no te pueden garantizar que el resultado sea satisfactorio. Todo depende del fototipo de piel que tengas. En algunas personas funciona genial, pero en otras no tiene el efecto deseado y tienes la sensación de haber perdido más tiempo y dinero que pelos.
Ay... Los pelos. Ese castigo con el que nos toca convivir.
*¿Cómo os lleváis vosotros con vuestros pelos?
Los chicos: ¿Os depiláis? ¿Que pensáis de la depilación femenina? ¿Os molestaría que vuestra novia fuera sin depilar?
Las chicas: ¿Os sentís esclavas de la depilación? ¿Seríais capaces de salir a la calle sin depilar de forma que se viera el vello? ¿Cómo os gustan más los hombres: depilados o peluditos? ¿Qué pensáis de las chicas que no se depilan determinadas partes del cuerpo? Si pudiérias ir sin depilar sin que nadie os dijera nada... ¿os depilaríais igualmente?
¡Gracias por contestar! :)
La actriz Mo'Nique, en los Globos de Oro 2010, luciendo piernas peludas sin ningún pudor. (Eso sí, la pedicura la lleva "niquelá").
5 de agosto de 2011
Pelillos a la mar...
Maullando sobre...
encuestas,
la vida es así,
men,
reflexiones gatunas,
women
3 de agosto de 2011
Un pescadero muy besugo
¡Hola, amig@s!
Hoy voy a deleitaros con una "divertida" anécdota, de ésas que sólo me pueden pasar a mí.
Una anécdota con un pescadero. Pero no cualquier pescadero, no. El pescadero más inútil ever.
Resulta que, el lunes, JJ y yo fuimos al "Carrefú" a hacer la compra de la semana. Primera parada: la pescadería.
Cojo papelito: me toca el número 14. Veo que aún van por el número 6. Maaaaaadre mía...
Claro: es 1 de agosto, y nos juntamos los que llegamos de vacaciones con los afortunados que se van. Toooooooooooooooooodo Dios está en el Carrefour esa tarde. Y toooooooooooooooodo Dios quiere comprar pescado. Parece que llega el fin del mundo.
Bueno, pues toca esperar para tener pescadito fresco, qué le vamos a hacer. JJ se aburre y dice que va a ver las teles de LCD. Se pira. Me quedo yo ante el mostrador de escarcha repleto a rebosar de brillantes pescados con ojos saltones. Repaso mentalmente lo que voy a comprar.
10 minutos después, me toca. ¡Por fin!
Me atiende un pescadero jovencito... y guapo. Mira qué bien. Al menos me alegro la vista, pienso.
ERROR.
*Chicas: no os fiéis de los pescaderos jovencitos y guapos.
Tras esa juventud y esa belleza, se ocultaba una gran inexperiencia e inseguridad sumada a muy pocas luces. Un cóctel mortífero, como pude comprobar después.
A ver: el trabajo de pescadero no implica únicamente coger un pez, pesarlo y meterlo en una bolsa. Eso lo sabe hacer cualquiera. Ser pescadero supone conocer los diferentes tipos de pescados existentes en el mercado y -muy importante- saber limpiarlos. ¿No? Vale, pues no.
Vamos por partes: Le pedí una rodaja de emperador (que ésa sí la cortó bien, menos mal), dos lomitos de salmón y una dorada fileteada.
Nivel de dificultad: 4 sobre 10, diría yo.
*Primera pifia del pescadero: No saber distinguir entre dos especies. De un aspecto muy similar, de acuerdo. Pero que un profesional del gremio debería saber diferenciar con los ojos cerrados. Sobre todo porque luego el sabor de uno y otro pescado no tienen nada que ver.
Os cuento: los ojos me hicieron chiribitas cuando vi dos sonrosados, brillantes y turgentes lomitos de algo que yo creía que era salmón. Así que le digo: "Ponme por favor, esos dos lomos de SALMÓN".
Y él, con su seductora sonrisa y su hoyuelo en la barbilla, me los pone. Y yo, tan feliz creyendo que me llevaba dos deliciosos lomos de salmón noruego.
Pues no, amiguitos. NO era salmón, y doy fe. Resulta que lo que me había puesto el muy... besugo (y nunca mejor dicho), era trucha.
...Soy Coco, y hoy voy a enseñaros la diferencia ente salmón y trucha. (Más que nada, por si os toca alguna vez un pescadero lerdo como el que me tocó a mí).
Esto es un saaaaaaalmón:
Y esto, amiguitos... esto es una truuuuuuuucha:
Hoy voy a deleitaros con una "divertida" anécdota, de ésas que sólo me pueden pasar a mí.
Una anécdota con un pescadero. Pero no cualquier pescadero, no. El pescadero más inútil ever.
Resulta que, el lunes, JJ y yo fuimos al "Carrefú" a hacer la compra de la semana. Primera parada: la pescadería.
Cojo papelito: me toca el número 14. Veo que aún van por el número 6. Maaaaaadre mía...
Claro: es 1 de agosto, y nos juntamos los que llegamos de vacaciones con los afortunados que se van. Toooooooooooooooooodo Dios está en el Carrefour esa tarde. Y toooooooooooooooodo Dios quiere comprar pescado. Parece que llega el fin del mundo.
Bueno, pues toca esperar para tener pescadito fresco, qué le vamos a hacer. JJ se aburre y dice que va a ver las teles de LCD. Se pira. Me quedo yo ante el mostrador de escarcha repleto a rebosar de brillantes pescados con ojos saltones. Repaso mentalmente lo que voy a comprar.
10 minutos después, me toca. ¡Por fin!
Me atiende un pescadero jovencito... y guapo. Mira qué bien. Al menos me alegro la vista, pienso.
ERROR.
*Chicas: no os fiéis de los pescaderos jovencitos y guapos.
Tras esa juventud y esa belleza, se ocultaba una gran inexperiencia e inseguridad sumada a muy pocas luces. Un cóctel mortífero, como pude comprobar después.
A ver: el trabajo de pescadero no implica únicamente coger un pez, pesarlo y meterlo en una bolsa. Eso lo sabe hacer cualquiera. Ser pescadero supone conocer los diferentes tipos de pescados existentes en el mercado y -muy importante- saber limpiarlos. ¿No? Vale, pues no.
Vamos por partes: Le pedí una rodaja de emperador (que ésa sí la cortó bien, menos mal), dos lomitos de salmón y una dorada fileteada.
Nivel de dificultad: 4 sobre 10, diría yo.
*Primera pifia del pescadero: No saber distinguir entre dos especies. De un aspecto muy similar, de acuerdo. Pero que un profesional del gremio debería saber diferenciar con los ojos cerrados. Sobre todo porque luego el sabor de uno y otro pescado no tienen nada que ver.
Os cuento: los ojos me hicieron chiribitas cuando vi dos sonrosados, brillantes y turgentes lomitos de algo que yo creía que era salmón. Así que le digo: "Ponme por favor, esos dos lomos de SALMÓN".
Y él, con su seductora sonrisa y su hoyuelo en la barbilla, me los pone. Y yo, tan feliz creyendo que me llevaba dos deliciosos lomos de salmón noruego.
Pues no, amiguitos. NO era salmón, y doy fe. Resulta que lo que me había puesto el muy... besugo (y nunca mejor dicho), era trucha.
Modo Barrio Sésamo ON:
¡¡Hoooooola amiguit@s!!
Esto es un saaaaaaalmón:
Y cocinado, queda así.
Y esto, amiguitos... esto es una truuuuuuuucha:
Y, una vez cocinada, (y ultra adobada), queda, más o menos, así:
¿Os habéis fijado bien? Son parecidos... pero NO son iguales. Ni saben igual.
Modo Barrio Sésamo OFF
El salmón sabe delicioso siempre, lo hagas como lo hagas: a la plancha, marinado, al horno, ahumado, hasta crudo (en sushi). La trucha, en cambio es... un puto asco. Sabe a fango, a cloaca, y hay que adobarla un montón para que sepa medianamente bien.
Claro, cuando no está el pez entero, sino cortado en trozos, es más difícil ver la diferencia entre uno y otro. Para alguien que no esté familiarizado con el tema, como pueda ser yo, sí. Pero a un profesional del sector, a quien se le presupone una cierta experiencia, esas cosas no se le pueden escapar.
Pues sí.
Y él, el pescadero besugo, debería haberme dicho, (con su preciosa sonrisa y su hoyuelo en la barbilla): "Perdona, pero eso no es salmón, sino trucha. El salmón lo tenemos hoy en rodajas, no en lomos".
Y entonces yo no me hubiera llevado una fucking trucha asquerosa, que al final, para no tirarla, se acabó comiendo el pobre de JJ, porque a mí, sólo el olor que desprende al cocinarla, ya me produce arcadas.
Pero vale. Un error lo tiene cualquiera. El chaval es inexperto y se ha equivocado. Errores peores se cometen en esta vida. (Y si no, que se lo digan a los padres de Hitler el día que lo concibieron).
Pero es que la cosa no quedó ahí.
*Segunda cagada (y gorda) del pescadero lerdo:
Le pido una dorada fileteada. Lo normal, cuando pides una dorada (o una lubina), es que te la abran en canal, la limpien, le quiten las escamas que pinchan, la cola, las aletas, la espina y, si lo pides, además, la cabeza. Esto es lo habitual para hacerla al horno o a la espalda.
Y luego está el modo fileteado. O sea, todo lo descrito anteriomente, y además, cortándola en dos filetes para poderla hacer a la plancha fácilmente.
Digo yo que de un pescadero cabe esperar, como mínimo, que sepa hacer eso, ¿no? Que no le estoy pidiendo que me pinte Las Meninas en un grano de arroz, joder.
Vale. Pues nuestro intrépido e inútil pescadero, coge la dorada que le había indicado, la pesa y me pregunta:
Pescadero Besugo: ¿Le quito la cabeza?
Yo: Sí, por favor.
En esto que un compañero le dice algo, éste le contesta, el otro insiste en que vaya a mirar una cosa, éste que se va a la otra punta de la pescadería y vuelve; el otro que le vuelve a llamar, éste que se va otra vez, y cuando vuelve por fin a donde yo estaba, va y me dice (agarraos):
PB: Entonces, la cabeza se la dejo, ¿no?
Yo: (...) No. La cabeza, por favor, se la quitas, ¿vale?
PB: Se la quito entonces...
Yo: (...) (¿Por qué, Dios mío, por qué... ?) Sí, le quitas la cabeza y me la fileteas... (pedazo de inútil).
Total, que se pone a hacer algo, que yo intuyo que es limpiar la dorada, abrirla, filetearla, etc, etc. Pero yo no puedo ver lo que está haciendo porque el mostrador donde se exhibe el género me tapa el banco donde él está (se supone) limpiando mi dorada.
En esto que vuelve JJ de ver las teles, me distraigo hablando con él, y cuando me quiero dar cuenta, el pescadero me tiende una bolsa de plástico con su tícket, dentro de la cual va la rodaja de emperador, la trucha (que yo creo que es salmón) y la dorada fileteada (sí, que te lo crees tú, bonita).
La cosa podría haber quedado ahí. Pero no.
Hoy iba dispuesta a preparar esa maravillosa y estupenda dorada "fileteada" a la plancha.
He sacado la bolsa de la nevera, y cuando la he abierto, mi cara ha tenido que ser algo así como esto:
El muy no-me-quedan-adjetivos-para-describirlo, me había puesto la dorada ENTERA. Monda y lironda. Sin abrirla, sin quitarle la cabeza, ni las tripas, ni la espina, ni nada. Y de filetearla, ni hablemos, claro.
Tal y como la había cogido del mostrador, así la había metido en la bolsa. Y ya está. Más feliz que una perdiz. Vamos, es que hasta ahí, yo también llego, ¿eh?
De verdad, que no sé qué pensar: si de verdad era así inútil o lo hizo a mala leche. Pero joder, si no sabes limpiar pescado, díselo a un compañero que sepa y que lo haga él. Pero no me entregues una dorada entera, pedazo-de-cabrón, y encima te quedes tan ancho.
Así que ya me veis a mí esta mañana, con las tijeras de la cocina, intentando decapitar yo a la dorada, abrirla, limpiarla, quitarle la espina...
Ni de coña.
Además de que me daba una grima impresionante, es que mis súper-tijeras de cocina, ante esa dorada, parecían unas inofensivas tijeritas romas de ésas que gastan los niños para no cortarse.
Es que no he podido cortarle ni la cola. Así que la he vuelto a meter en su bolsa y otra vez a la nevera, acordándome, eso sí, de todos los muertos del pescadero.
Y nada. Que tengo una dorada entera y sin limpiar. ¿Alguna idea de qué hacer con ella?
¿La tiro a la basura? ¿Vuelvo a la pescadería y se la tiro a la cara al pescadero?
¿La clavo sobre una tabla de madera y la cuelgo de la pared, así, estilo trofeo de pesca?
Se admiten sugerencias.
*PS: Qué duro es el primer día de trabajo después de las vacaciones. Y si encima tienes episodios como el de la dorada, ya ni os cuento.
31 de julio de 2011
Manías y prejuicios culinarios
Yo los tengo. Tú los tienes. La vecina del quinto los tiene. Y el Rey. Y el Papa.
Todo el mundo los tiene.
Manías y prejuicios con la comida. Alimentos que no comes porque... Bueno, porque no. Porque algo en tu cabeza te dice que NO. Y a lo mejor, ni siquiera has probado ese alimento para saber si te gusta o no, pero ya por sí, de entrada, te tira p'atrás.
Hay manías más universales que otras. Por ejemplo: la primera y la última rebanada del pan de molde.
¿Qué pasa con ellas? ¿Por qué (casi) nadie se las come? ¿Acaso no están hechas del mismo pan que el resto? ¿Es que están hechas de porexpán? ¿Es que las ponen ahí sólo de atrezzo, para que hagan bonico?
¿Acaso no las hemos pagado también? ¿Entonces, por qué nos las dejamos? (Ya veis que utilizo el plural mayestático, porque yo soy la primera que reconozco que no me las como).
Quizá el motivo sea que tienen más corteza que las otras y menos parte de miga blanca. Pero luego, realmente, el sabor y la textura vienen a ser iguales. Todas las rebanadas de pan Bimbo son parte de un mismo bloque de pan inicial, ¿no?
Pues nada, ahí están, la primera y la última, siempre repudiadas. Sobre todo, la última. Ésa, la pobre, es la más marginada de todas.
Tal vez porque, al ser la última, se hace dura o mohosa. Vale. Pero imaginad esta situación: quedan 3 rebanadas más la última en el paquete. Y pasan los días y no te las comes. Sabes que ya deben de estar un poco correosas.
Anyway, estamos en crisis, hay que ahorrar. Además, hoy tienes antojazo de sándwich vegetal y, como es domingo y todo está cerrado, no puedes ir a comprar pan de molde.
Es eso, o quedarte sin sándwich.
De ninguna de las maneras: te haces el sándwich con las 3 primeras, y por supuesto, tiras la última.
Pero vamos a ver: ¿no están las 4 igual de resecas y acartonadas? (Que la única solución es tostarlas para que no parezca que te estás comiendo el estropajo de fregar los platos).
Pues nada. Que no. Que no nos gustan ni la primera ni la última rebanada de pan Bimbo. No sé, debe de ser algo psicológico.
Que por cierto, qué destino tan cruel que te toque ser la primera, y sobre todo, la última rebanada del pan de molde. Que me imagino yo a las rebanadas, cuando están siendo cortadas por la máquina que las hace, rogando: "Por favor, oh, Dios del Sagrado Panrico, no me hagas ser la última! ¡Ponme en el medio, por todo lo que más quieras!".
Y ya me veo a la rebanada mirando acojonada hacia atrás, y suspirando aliviada al ver que sí, que hay al menos varias hermanitas detrás, y que no le ha tocado ser la última.
A lo mejor, ser última rebanada es para ellas como para nosotros ir al infierno... El peor destino. El peor castigo.
En fin... Yo desde aquí, hago un llamamiento en defensa de la primera y última rebanadas del pan de molde.
Necesitan amor. All they need is love. Alguien que las quiera.
Y siguiendo con los temas "panarios", o panaderos... El pan tostado.
Pero el que venden ya en tostadas o biscotes.
Qué putada abrir el paquete y.... ¡zasca! ¡Todas rotas! E intentas reconstruirlas... Así, en plan puzzle de 10.000 piezas. Y claro, es imposible.
Pues ya no las quieres.
Obvio. Tú has pagado por un paquete de tostadas. No por un paquete de migas a la pastora.
Y al fin y al cabo, sigue siendo pan. Harina, agua, levadura y sal. No hay más misterio.
Pero claro, es pan... "deconstruído", que diría Ferrán Adrià. Ya no te puedes untar en él mantequilla, ni mermelada, ni sobrasada, ni Nocilla... Ni wathever random thing que te suelas untar en el pan tostado.
Y así no tiene gracia. No queremos comer picadillo de pan. Pero luego, en cambio, sí nos comemos los colines, (o picos, o regañás). Que vienen a ser lo mismo, ¿no?
Pequeños trozos de pan tostado. Sí, es lo mismo... pero no es igual.
¿Y el tema de los yogures caducados? ¿No tenéis manía con esto? Vas a la nevera a por un yogur. Al ir a abrir la tapa: ¡¡HORROR!! Lleva 3 días caducado. Piensas: ¡¡¡¡3 DÍAS!!!
¡DANGER, ACHTUNG, PELIGRO DE MUERTE!
Y lo tiras a la basura, cómo no. "Por 20 céntimos que cuesta, no me voy a arriesgar a pillar yoquéséqué...". (Yo lo he hecho, lo confieso).
Pero... ¿estamos locos o qué? No pasa nada por comer un yogur que esté 3 días caducado (como si lo está 5 días, una semana o incluso 10 días). Nadie se muere. Otra cosa es que lleve un mes y pico.
Al fin y al cabo, ¿qué es un yogur? Leche fermentada, ¿no? ¿Qué más da que esté un poco más fermentada?
Además, que la fecha indicada en la tapa es meramente ORIENTATIVA. Por eso dice: "Consumir preferentemente antes de...".
Y tan cautelosos que somos con esto de la caducidad de los yogures, y luego nos comemos tan alegremente el queso curado, Roquefort, azul, Cabrales. Que eso no es leche fermentada, no. Eso ya tiene vida propia. Que te asomas al frigo y ves al queso azul ahí, poniéndote ojitos.
Y para cerrar el tema de los lácteos... ¿Hay algo más asqueroso que la nata de la leche caliente? Eso que pones un cazo con leche al fuego, y cuando hierve, le sale una capa viscosa de nata por encima.
Sí, es nata. La misma que luego te comes tan reagusto montada y con unas fresas. O en un capuccino. O en un helado. O en una tarta. O en un flan.
Es lo mismo: la materia grasa de la leche. Pero NO es exactamente lo mismo en un caso y otro.
¿Y la casquería? ¿Os gusta u os da ascazo? A mí, más bien lo segundo. Pero reconozco que es algo mental. Pienso: "vísceras, tripas, despojos. Puaf".
Y no puedo.
De hecho, cuando yo era pequeñita... (allá por el Pleistoceno), recuerdo que mi mamá me daba una "cosa" que oye, estaba rica. Debo admitir que me gustaba. O al menos, me lo comía sin problemas. Eran unos buñuelitos de algo blandito.
(Sí, sesos rebozados, pero entonces yo no lo sabía).
Al principio, yo, en mi ignorancia infantil, me los comía. Hasta que un día, ya algo más mayorcita (¿9 años?) y curiosa, le pregunté a mi madre:
-Mamá, ñam ñam ñam... ¿qué es esto que me estoy comiendo?
-Son sesos, nena.
-Ah, muy bien, sesos... ñam ñam ñam .... (ojos en blanco) ... (cortocircuito mental)¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿¿SESOOOOOOOOOOOS???????!!!!!!!! Buaggggggggh...
Ni qué decir tiene que nunca más los volví a comer. Y el caso es que malos no estaban. Pero claro, cuando mi madre dijo la fatídica palabra, pues ya me sugestioné... Me traumaticé, qué se yo.
Y si lo pensamos, la cocina española está llena de casquería: que si callos a la madrileña, que si zarajos de Cuenca, que si riñones al Jerez,...
Pero no sé, a mí no me va.
Ah, y hablando de casquería... ¿Recordáis, amiguitos, eso que nos daban de críos porque tenía mucho hierro y proteínas, pero que odiábamos tanto? Sí: el hígado. ¡¡¡¡¡Puaghhhhhh!!!! Era mi pesadilla.
Que levante la mano todo aquél al que le gustaba el hígado.
Veo pocas manos...
Vale. Ahora, que levante la mano todo aquél al que le gusta el foie. (Hay gente que pronuncia foie tal y como se escribe, en vez de decir "fuá". "Oye, ayer comí foye". ¡Juas!).
Bueno, ya veo más manos levantadas... A mí, sin ir más lejos, me gusta. Y también me gusta el paté o foie-grass.
¿Y qué es el foie sino hígado grasiento de oca o pato súper cebado para la ocasión?
Ah, claro, es que dicho así, la cosa cambia...
Pero esto es como todo: tú dices hígado de oca y suena mal. Pero dices "fuá de canard", y ya queda súper glamouroso que-te-cagas. Es lo que tienen los vocablos franceses. Siendo lo mismo, un cava catalán Codorniu, nunca será como el champagne Moët Chandon.
Y no es lo mismo llamarse Brígida que Brigitte, dónde va a parar...
Ya veis que todo es cuestión de márketing. Y de denominación.
Y ya para acabar esta entrada sobre los prejuicios culinarios, toca hablar del embutido. Pero en este caso, pasa al revés que en los otros: por lo general, no albergamos prejuicios hacia el embutido.
A la mayoría de la gente le gustan las longanizas, salchichas, morcillas, chorizo, salchichón, butifarra, mortadela... Seguro que alguna o varias de estas modalidades de embutido os gusta, ya sea cocinado o en fiambre.
Esa morcilla de Burgos, esos choricitos al infierno con pimientos de Padrón (que unos pican y otros, no), y demás, no son sino grasa, sangre, magro, especias y condimentos metidos en una tripa.
Ya no mola tanto, ¿eh?
Visto así, da grima. Pero luego, la gente no pensamos en esas cosas.
Nos comemos una morcilla de arroz (que además de lo dicho arriba, es una bomba triglicérida), pero luego, nos dejamos la última rebanada de pan Bimbo y tiramos a la basura un yogur caducado 4 días.
Y es que, como dice el anuncio de un refresco: el ser humano es extraordinario...
*¿Y vosotros? ¿Tenéis también manías con determinados alimentos? ¡Contadme! =)
Todo el mundo los tiene.
Manías y prejuicios con la comida. Alimentos que no comes porque... Bueno, porque no. Porque algo en tu cabeza te dice que NO. Y a lo mejor, ni siquiera has probado ese alimento para saber si te gusta o no, pero ya por sí, de entrada, te tira p'atrás.
Hay manías más universales que otras. Por ejemplo: la primera y la última rebanada del pan de molde.
¿Qué pasa con ellas? ¿Por qué (casi) nadie se las come? ¿Acaso no están hechas del mismo pan que el resto? ¿Es que están hechas de porexpán? ¿Es que las ponen ahí sólo de atrezzo, para que hagan bonico?
¿Acaso no las hemos pagado también? ¿Entonces, por qué nos las dejamos? (Ya veis que utilizo el plural mayestático, porque yo soy la primera que reconozco que no me las como).
Quizá el motivo sea que tienen más corteza que las otras y menos parte de miga blanca. Pero luego, realmente, el sabor y la textura vienen a ser iguales. Todas las rebanadas de pan Bimbo son parte de un mismo bloque de pan inicial, ¿no?
Pues nada, ahí están, la primera y la última, siempre repudiadas. Sobre todo, la última. Ésa, la pobre, es la más marginada de todas.
Tal vez porque, al ser la última, se hace dura o mohosa. Vale. Pero imaginad esta situación: quedan 3 rebanadas más la última en el paquete. Y pasan los días y no te las comes. Sabes que ya deben de estar un poco correosas.
Anyway, estamos en crisis, hay que ahorrar. Además, hoy tienes antojazo de sándwich vegetal y, como es domingo y todo está cerrado, no puedes ir a comprar pan de molde.
Es eso, o quedarte sin sándwich.
De ninguna de las maneras: te haces el sándwich con las 3 primeras, y por supuesto, tiras la última.
Pero vamos a ver: ¿no están las 4 igual de resecas y acartonadas? (Que la única solución es tostarlas para que no parezca que te estás comiendo el estropajo de fregar los platos).
Pues nada. Que no. Que no nos gustan ni la primera ni la última rebanada de pan Bimbo. No sé, debe de ser algo psicológico.
Que por cierto, qué destino tan cruel que te toque ser la primera, y sobre todo, la última rebanada del pan de molde. Que me imagino yo a las rebanadas, cuando están siendo cortadas por la máquina que las hace, rogando: "Por favor, oh, Dios del Sagrado Panrico, no me hagas ser la última! ¡Ponme en el medio, por todo lo que más quieras!".
Y ya me veo a la rebanada mirando acojonada hacia atrás, y suspirando aliviada al ver que sí, que hay al menos varias hermanitas detrás, y que no le ha tocado ser la última.
A lo mejor, ser última rebanada es para ellas como para nosotros ir al infierno... El peor destino. El peor castigo.
En fin... Yo desde aquí, hago un llamamiento en defensa de la primera y última rebanadas del pan de molde.
Necesitan amor. All they need is love. Alguien que las quiera.
Y siguiendo con los temas "panarios", o panaderos... El pan tostado.
Pero el que venden ya en tostadas o biscotes.
Qué putada abrir el paquete y.... ¡zasca! ¡Todas rotas! E intentas reconstruirlas... Así, en plan puzzle de 10.000 piezas. Y claro, es imposible.
Pues ya no las quieres.
Obvio. Tú has pagado por un paquete de tostadas. No por un paquete de migas a la pastora.
Y al fin y al cabo, sigue siendo pan. Harina, agua, levadura y sal. No hay más misterio.
Pero claro, es pan... "deconstruído", que diría Ferrán Adrià. Ya no te puedes untar en él mantequilla, ni mermelada, ni sobrasada, ni Nocilla... Ni wathever random thing que te suelas untar en el pan tostado.
Y así no tiene gracia. No queremos comer picadillo de pan. Pero luego, en cambio, sí nos comemos los colines, (o picos, o regañás). Que vienen a ser lo mismo, ¿no?
Pequeños trozos de pan tostado. Sí, es lo mismo... pero no es igual.
¿Y el tema de los yogures caducados? ¿No tenéis manía con esto? Vas a la nevera a por un yogur. Al ir a abrir la tapa: ¡¡HORROR!! Lleva 3 días caducado. Piensas: ¡¡¡¡3 DÍAS!!!
¡DANGER, ACHTUNG, PELIGRO DE MUERTE!
Y lo tiras a la basura, cómo no. "Por 20 céntimos que cuesta, no me voy a arriesgar a pillar yoquéséqué...". (Yo lo he hecho, lo confieso).
Pero... ¿estamos locos o qué? No pasa nada por comer un yogur que esté 3 días caducado (como si lo está 5 días, una semana o incluso 10 días). Nadie se muere. Otra cosa es que lleve un mes y pico.
Al fin y al cabo, ¿qué es un yogur? Leche fermentada, ¿no? ¿Qué más da que esté un poco más fermentada?
Además, que la fecha indicada en la tapa es meramente ORIENTATIVA. Por eso dice: "Consumir preferentemente antes de...".
Y tan cautelosos que somos con esto de la caducidad de los yogures, y luego nos comemos tan alegremente el queso curado, Roquefort, azul, Cabrales. Que eso no es leche fermentada, no. Eso ya tiene vida propia. Que te asomas al frigo y ves al queso azul ahí, poniéndote ojitos.
Y para cerrar el tema de los lácteos... ¿Hay algo más asqueroso que la nata de la leche caliente? Eso que pones un cazo con leche al fuego, y cuando hierve, le sale una capa viscosa de nata por encima.
Sí, es nata. La misma que luego te comes tan reagusto montada y con unas fresas. O en un capuccino. O en un helado. O en una tarta. O en un flan.
Es lo mismo: la materia grasa de la leche. Pero NO es exactamente lo mismo en un caso y otro.
¿Y la casquería? ¿Os gusta u os da ascazo? A mí, más bien lo segundo. Pero reconozco que es algo mental. Pienso: "vísceras, tripas, despojos. Puaf".
Y no puedo.
De hecho, cuando yo era pequeñita... (allá por el Pleistoceno), recuerdo que mi mamá me daba una "cosa" que oye, estaba rica. Debo admitir que me gustaba. O al menos, me lo comía sin problemas. Eran unos buñuelitos de algo blandito.
(Sí, sesos rebozados, pero entonces yo no lo sabía).
Al principio, yo, en mi ignorancia infantil, me los comía. Hasta que un día, ya algo más mayorcita (¿9 años?) y curiosa, le pregunté a mi madre:
-Mamá, ñam ñam ñam... ¿qué es esto que me estoy comiendo?
-Son sesos, nena.
-Ah, muy bien, sesos... ñam ñam ñam .... (ojos en blanco) ... (cortocircuito mental)¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿¿SESOOOOOOOOOOOS???????!!!!!!!! Buaggggggggh...
Ni qué decir tiene que nunca más los volví a comer. Y el caso es que malos no estaban. Pero claro, cuando mi madre dijo la fatídica palabra, pues ya me sugestioné... Me traumaticé, qué se yo.
Y si lo pensamos, la cocina española está llena de casquería: que si callos a la madrileña, que si zarajos de Cuenca, que si riñones al Jerez,...
Pero no sé, a mí no me va.
Ah, y hablando de casquería... ¿Recordáis, amiguitos, eso que nos daban de críos porque tenía mucho hierro y proteínas, pero que odiábamos tanto? Sí: el hígado. ¡¡¡¡¡Puaghhhhhh!!!! Era mi pesadilla.
Que levante la mano todo aquél al que le gustaba el hígado.
Veo pocas manos...
Vale. Ahora, que levante la mano todo aquél al que le gusta el foie. (Hay gente que pronuncia foie tal y como se escribe, en vez de decir "fuá". "Oye, ayer comí foye". ¡Juas!).
Bueno, ya veo más manos levantadas... A mí, sin ir más lejos, me gusta. Y también me gusta el paté o foie-grass.
¿Y qué es el foie sino hígado grasiento de oca o pato súper cebado para la ocasión?
Ah, claro, es que dicho así, la cosa cambia...
Pero esto es como todo: tú dices hígado de oca y suena mal. Pero dices "fuá de canard", y ya queda súper glamouroso que-te-cagas. Es lo que tienen los vocablos franceses. Siendo lo mismo, un cava catalán Codorniu, nunca será como el champagne Moët Chandon.
Y no es lo mismo llamarse Brígida que Brigitte, dónde va a parar...
Ya veis que todo es cuestión de márketing. Y de denominación.
Y ya para acabar esta entrada sobre los prejuicios culinarios, toca hablar del embutido. Pero en este caso, pasa al revés que en los otros: por lo general, no albergamos prejuicios hacia el embutido.
A la mayoría de la gente le gustan las longanizas, salchichas, morcillas, chorizo, salchichón, butifarra, mortadela... Seguro que alguna o varias de estas modalidades de embutido os gusta, ya sea cocinado o en fiambre.
Esa morcilla de Burgos, esos choricitos al infierno con pimientos de Padrón (que unos pican y otros, no), y demás, no son sino grasa, sangre, magro, especias y condimentos metidos en una tripa.
Ya no mola tanto, ¿eh?
Visto así, da grima. Pero luego, la gente no pensamos en esas cosas.
Nos comemos una morcilla de arroz (que además de lo dicho arriba, es una bomba triglicérida), pero luego, nos dejamos la última rebanada de pan Bimbo y tiramos a la basura un yogur caducado 4 días.
Y es que, como dice el anuncio de un refresco: el ser humano es extraordinario...
*¿Y vosotros? ¿Tenéis también manías con determinados alimentos? ¡Contadme! =)
Maullando sobre...
chorradas varias,
gente,
reflexiones gatunas
29 de julio de 2011
Next!
Últimamente, me he aficionado a ver Neox. (NeoX, no Neos, con S. xD).
Y es que, casi todas las cosas de la tele que me gustan y/o entretienen algo (o que al menos no me ponen de muuuuuuuuuuuy mala leche, como sí consiguen programas como éste o éste, entre otros; yo es que con la cadena de Vasile, no puedo, mireusté), las hacen (o echan, que dice mi abuela "Nena, pon la tele, anda, que están echando la novela...") en esta cadena, que pertenece a Antena 3.
Por ejemplo, la serie Aquí no hay quien viva. Sí, son refritos de los refritos de los refritos, I know, y hay capítulos que ya me los sé de memoria de tantas veces que los he visto, pero es que soy muy fan de esta serie, me parto con las cosas que le pasan a esa singular comunidad de vecinos que vive en Desengaño, 21. Es el 13 Rue del Percebe, pero en la tele. Y aunque La que se vecina no está mal, sinceramente, prefiero la primera, que para mí es la original y genuina.
Y después, hay otras series como: Los Simpsons, Futurama, Cómo conocí a vuestra madre, Museo Coconut,... Además de que el mes que viene arranca Otra Movida (lo que antes era Tonterías las justas, en Cuatro, que me tenía enganchada. Esperemos que no haya mucha diferencia entre uno y otro).
Pero no todo lo que emite esta cadena me gusta, of course. (Qué, ya pensabais que Neox me estaba pagando comisión por hacerles publicidad, eh? ¡Pues no!).
Hoy he descubierto un programa que me ha dejado patitiesa. Aunque la verdad es que me he reído de lo lindo, todo sea dicho, (y eso que no me suelen gustar esos formatos).
Se trata de Next: un reallity inspirado en el speed dating o citas rápidas, en el cual, 5 candidatos (siempre chicos), intentan impresionar a una chica en un máximo de 20 minutos y conseguir una segunda cita.
Os explico un poco de qué va, por si no lo habéis visto. (Y si lo habéis visto, podéis ir directamente al final. Que nooooooo... Leed la entrada, please!)
Os cuento...
Los 5 candidatos (de edades comprendidas entre los 18 y los veintitantos) están dentro de un autobús y van saliendo por turnos para conocer a la chica, a la cual no han visto todavía. Si a ella no le gusta el candidato, le dice: Next! oseasé, NO me molas... ¡Que pase el siguiente!
Y así, hasta que al final, ella se queda con uno de los chicos. El que más le gusta, por lo que sea.
Mientras uno de los candidatos está con la chica, charlan para conocerse un poquito y él debe superar una pequeña prueba tan absurda como humillante que ella le pone. Por ejemplo: si ella hacía ballet de pequeña, le pide al chico -típico macarra que sólo baila bakalao y Paquito el Chocolatero (en las bodas y ya muy ebrio)-, que le haga unos pasitos de ballet.
Que a ella le gusta cantar, le pide a él -que no canta ni en la ducha- que le haga unos gorgoritos al estilo Il Divo.
Mientras tanto, los otros 4 que quedan en el autobús, rajan del que está en ese momento con la chica, y debaten sobre si tiene posibilidades o no con ella.
Y todavía más fuerte: cuando uno de los chicos ha sido rechazado y vuelve al autobús con el rabo entre las piernas a reunirse con los otros que están esperando, al ser preguntado por qué tal ha ido, éste empieza a criticar a la chica a la que hasta hace 3 minutos soñaba con conquistar: que si no es para tanto, que si es bajita, que si no tiene tetas, que si ella se lo pierde, que si no es mi tipo, que si tiene los ojos saltones, que si a mí es que me gustan más morenas y ésta era rubia, etc...
Claro, su ego de machote se ha visto seriamente dañado cuando ella, en menos de dos minutos de cita, le ha dicho: Lo siento, pero... NEXT! (¡Zas, en toda la boca!).
Y luego, lo mejor son los candidatos. Ahí ya es que me parto... (A mí que no me fastidien, que son todos actores y representan personajes-tipo. O los seleccionan adrede así para dar espectáculo).
Por ejemplo: la chica es estudiante de Psicología, le gusta leer, la fotografía y la música pop, y le gustan los chicos sensibles, románticos, que estudien y/o trabajen, pero detesta a los ciclados de gimnasio, y si encima están depilados y /o llevan tatuajes, olvídate.
Pues atención a los candidatos:
1. Un NI-NI (ni estudia, ni trabaja, ni ganas), con un tatuaje de una estrella en el codo.
2. Un aspirante a carpintero que se está sacando el carnet de conducir, pero no conoce ni las señales más básicas. Amante de las discotecas y la música makinera.
3. Un chico adicto al gimnasio, depilado y con el brazo tatuado.
4. Un chaval mulato, de origen dominicano, con su dulce acento caribeño, amante de la música (¡oh casualidad!, del mismo estilo de música pop que le gusta a ella), amante de la fotografía (¡oh, casualidad, again!), que escribe poesía en sus ratos libres (oooooohhhhhhhhhhh), que le gusta bailar y que, además, es el que viste con más estilo y está más buenorro de los cinco.
5. Un tío más feo que un pie sudado. Sin más. (No llegó ni a tener la cita con la chica, porque ésta se decidió antes por uno de los otros cuatro).
Atención, pregunta: ¿Con cuál de ellos se quedó nuestra protagonista?
Está claro, ¿no?
*Y los otros 4, en el autobús, viendo que su rival latin-lover se retrasaba, empezaban ya a especular y a rendirse a la evidencia:
-Joer, macho, este cabrón se la lleva... Con eso de ser latino, nos lleva ventaja. (Ahhhhh, se siente...)
-Es que estos latín lovers tienen una labia... (¡Ya te digo!)
-Y como es mulato, pues... Ya sabéis la fama que tienen, que "calzan" bien... (Claaaro, claaaaaro, va a ser por eso...)
-Eh, que a lo mejor tarda porque se ha perdido... Con la cara de empanao que tenía... (Ya te gustaría a ti, ya, pringao...).
Bueno, pues sí, al final, el mulatito poeta consiguió una segunda cita con la futura psicóloga. Y los otros se llevaron un "Next" en toda la jeta. Y yo partiéndome la caja en el sofá... Juassssssss
*¿Habéis visto este programa alguna vez (o alguno similar)? ¿Qué os parecen? Creéis que son todo actores que interpretan un papel o son personas reales?
¿Creéis que las parejas que puedan surgir de un programa de estos tienen futuro?
¿Qué pensáis del speed dating? ¿Habéis ido a alguna? ¿Qué tal salió la cosa?
Maullando sobre...
chorradas varias,
cosas de la tele,
gente,
pa' flipar
28 de julio de 2011
Blogs abandonados
(Antes que nada: NO CIERRO EL BLOG. Es sólo para ilustrar esta entrada)
Escribir un blog no es fácil. Qué os voy a contar, ¿no?
Requiere dedicarle un tiempo y ser constante. Es como una mascota o una planta: necesita cuidados, atención, incluso mimos.
Y sobre todo, necesita que se le atienda con una cierta frecuencia.
Los blogs son espacios en los que ir publicando cosas de forma periódica.
La gente quiere leer cosas nuevas.
Y eso es posiblemente lo que más cuesta de tener un blog: llevarlo medianamente al día. Publicar cosas chulas e interesantes con relativa frecuencia.
Porque, cuanto más escribes, más gente te lee. Con lo que tú mism@ te motivas a seguir escribiendo.... y así, sucesivamente.
Por el contrario, si escribes una entrada cada dos meses y por obligación, si hay telarañas en tu blog, pues... es difícil mantener el interés y captar a nuevos lectores (ups, eso de captar ha sonado como a secta, ¿no? xD).
Pero aunque quieras, aunque te lo propongas, no siempre resulta fácil mantener actualizado el blog. Y piensas: "para escribir una chorrada sólo por cumplir, mejor no escribo nada hasta que no me venga la inspiración". Y posiblemente, ése sea el error más común en el que cae mucha gente (yo misma), porque se pierde el hábito de escribir y cada vez cuesta más.
Hablo desde mi propia experiencia.
Dos veces he estado a punto de cerrar mi blog y siempre ha sido por este motivo: sentirme hastiada, no saber de qué escribir, estar sin inspiración, o simplemente, no tener ganas de ponerme a ello.
Y es que, por un lado, el blog nos sirve como vía de escape, pero por otro, nos esclaviza un poco. Por eso, admiro a los bloggers que escriben casi a diario, aunque sean entradas cortitas.
Y algunos, incluso van más allá: publican con frecuencia y además, entradas de gran calidad, ingeniosas, divertidas, interesantes... Y casi siempre, a partir de cosas sencillas, cotidianas, nada extraordinario. Pero consiguen hacer de lo cotidiano algo fuera de lo común.
¿Cómo lo hacen?
Hay millones y millones de blogs en la blogosfera. Yo, además de bloguera, soy también asidua lectora de muchos y seguidora de unos cuantos bitácoras. Y es que este mundillo de los blogs me fascina.
Pero hay una cosa que me choca: no suelo ver blogs anteriores al año 2006.
Es decir, blogs de más de 5 años. Una de dos: o esto de los blogs es un fenómeno reciente... o casi nadie es capaz de mantener un bitácora más de 2-3 años.
La mayoría de blogs que leo/sigo o me tropiezo con, son como muy antiguos, del 2008. Vamos... de hace 4 días, como quien dice.
...Y luego, están los blogs abandonados.
(Música triste de violín, rollo La lista de Schindler, ON)
¿No os produce tristeza toparos con uno de ellos? Son como barquitos fantasma, navegando a la deriva en la inmensidad de la blogosfera. Dejados de la mano de Dios, abandonados a su suerte por sus autores, los cuales, posiblemente, se aburrieron de ellos...
(Vaaaaaaale... dejo ya el MODO MELODRAMA).
Pero en serio... ¿A que dan penita?
Esto de los blogs es como todo: al principio, con la novedad de "¡tengo un blog, qué emoción!" (como si el nuestro fuera el único en todo el universo virtual xDD), todos somos súper constantes y estamos tooooooooooooooodo el día pendientes de nuestro flamante y nuevo bitácora, el cual ya hemos customizado previamente a nuestro gusto con la plantilla más mona e ideal que hemos encontrado en btemplates.com o similar, ya hemos añadido algunos gadgets/widgets tan graciosos como inútiles, hemos comentando y firmado en otros blogs ya consolidados para darnos a conocer, y cada 5 minutos entramos en el nuestro con la ilusión de que alguien nos haya leído y comentado. ¿A que sí? ¿A que os suena...?
¡Y claro, luego, las únicas visitas que recibimos son las nuestras!
Pero no por ello nos desalentamos... Nadie dijo que ganar audiencia fuera fácil. Y además, tampoco tenemos claro que queramos que nos lea mucha gente.
"Yo escribo por el mero placer de escribir y desahogarme. Me da igual que no me lea ni el Tato". ¿Qué blogger no ha pronunciado esta frase?
*No te lo crees ni tú, guap@: si sólo quisieras escribir por placer y por desahogarte, lo escribirías en un cuaderno que guardarías en un cajón. Desde el momento en que lo publicas en Internet y está al alcance de cualquiera, es que albergas la esperanza de que otra gente te lea, se interese por lo que cuentas, comente... ¡Y TE SIGA! Sí, el blog también alimenta el ego cantidubi).
Bueno, pues una vez tienes ya tu blog en marcha, pueden pasar dos cosas: o que tu blog no despegue ni a tiros (incluso aunque escribas con frecuencia contenidos de calidad y te des a conocer en otros blogs o foros), o que triunfe como la Coca-Cola y en menos que canta un gallo tengas chorrocientos seguidores, trillones de comentarios, diferentes premios, webs que recomiendan tu blog,... una limusina en la puerta, papparazzi, contratos publicitarios, fans, dinero, noches locas en Ibiza, una estrella en el Paseo de la Fama... (Vale, lo último de la limusina y demás, no necesariamente).
¿El secreto para convertirse en una estrella bloguera? Ay, si yo lo supiera...
La clave del éxito es un misterio. Y no siempre es merecido. De hecho, hay blogs realmente buenos que apenas tienen seguidores, y otros que tienen mil seguidores y no entiendes por qué.
*Los bitácoras de modelitos, recetas, cotilleos sobre celeeeeeeeeebrities, (¡ahí va qué chorrazo!), potingues, secretos de belleza, niñas que se creen Amélie y llenan su blog de textos pseudopoéticos sobre amor y desamor y lo decoran todo con fotos en blanco y negro, caramelos, piruletas, cerezas, torres Eiffel, corazoncitos, etc,... suelen pertenecer a este privilegiado grupo de blogs que triunfan. Ojo: hay blogs de dichas temáticas que son realmente buenos. Yo misma sigo algunos. Pero hay otros que... en fin...).
En ambos casos, tanto de éxito como de fracaso, puede ocurrir que el autor se canse y abandone su blog.
A) Si tu bitácora no la lee ni tu gato y no tienes comentarios ni de SPAM, la cosa se convierte en un monólogo un tanto aburrido. Y lo más normal es que te canses y cierres el blog.
B) Peeeeero, el éxito no es garantía de supervivencia de un blog. También puede ocurrir que seas de esos privilegiados cuyo blog triunfa y tiene muchos seguidores. Pero eso se puede convertir en un arma de doble filo: una vez logrado el objetivo, se pierde el interés. Y, con cada vez más seguidores, el blogger empieza a sentir cada vez más presión por escribir cosas más y más interesantes. Y se agobia. Y cada vez lo ve más como una obligación.
Y además, ahora su vida ha cambiado, tiene otras cosas en mente, tiene hobbies nuevos, amistades nuevas, cosas que le llenan más... y ya no siente esa necesidad de desahogarse que tenía cuando abrió el blog.
Entonces decide cerrarlo.
Algunos bloggers tienen el detalle de decir a sus seguidores que van a cerrar su bitácora. Los últimos casos de los que he tenido noticia son el blog de Lorena, Bitácora de una soltera, (referente y mito de la blogosfera y uno de mis blogs preferidos), y Completa incompleta, el blog que tenía hasta hace unas semanas Pepi Torremocha, y que también estaba entre mis habituales. SNIFFFFFF... :(
(Se os echa de menos, chicas).
En el caso de Lorena, todavía queda un resquicio de esperanza de que algún día, cuando resuelva ciertos asuntos que tiene pendientes, vuelva al mundo blogger. Ojalá.
Pero luego están otros casos más... inquietantes. Son esos blogs que sigues, que te gustan, pero de repente, un día cualquiera, su autor@ deja de escribir. Sin más. Y pasan los meses... Y no hay nuevas actualizaciones ni noticias suyas.
Incluso te preocupas por la persona que hay detrás de ese blog: ¿estará bien? ¿Le habrá pasado algo? ¿Por qué hace meses que no escribe nada de nada, ni siquiera para decir que ha cerrado el blog?
Es extraño.
No sé. Quizá todos los blogs, empezando por éste, tengan un destino similar: ser abandonados algún día. O cerrados. Que viene a ser lo mismo.
Y es que las personas cambiamos, nuestras circunstancias vitales cambian, nuestras motivaciones, también...
Y nuestros intereses, también. Y lo que un día es nuestro pasatiempo favorito, al día siguiente puede convertirse en una carga..
Yo, si algún día cierro este blog, os avisaré, tranquilos. :D Qué menos, ¿no?
Mientras tanto, cada vez que me encuentro con uno de esos blogs abandonados, me sigo preguntando qué será de su autor@. Y si ahora las cosas le irán mejor que cuando se asomaba a esta ventana y compartía con nosotros sus alegrías y sus penas. Y deseo que algún día vuelva para contárnoslo.
¡Larga vida a los blogs!
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