14 de enero de 2012

¡Mi contador de visitas se ha vuelto loco!


Últimamente, alucino pepinillos con el contador de visitas del blog... ¿Qué se ha fumado? ¿Va bien? ¿Se ha rayado?
Lo normal es que mi blog tenga unas 100 visitas al día. Unos días más, otros menos, pero sobre las 100 es lo habitual, y yo tan contenta...
Pero, en los últimos días, no sé qué ha pasado, que la cosa se ha disparado que no es ni normal...
Ahora mismo, sin ir más lejos, tengo... ¡¡397 visitas!!



¿¿¿¿¡Casi 400 personas han entrado en mi blog!???? ¿Es posible? ¡Y todavía queda toda la tarde y toda la noche! Una locura...
Pero es que ayer tuve 490 visitas, anteayer trescientas y pico, y el miércoles, también pasé de las 300 visitas... Y así.




OMG!!!!

Una pasada. Y yo no sé si estoy preparada para la fama, ¿eh? xD

Pero estoy un poco mosqueada porque el número de comentarios no es ni de lejos proporcional a esta locura de visitas. Es cierto que llevo unos días trasteando en la plantilla y haciendo cambios, (hasta el punto de que aún no sé si la que veis será la definitiva), y obviamente, mis propias visitas también se contabilizan. (Me gustaría que mis visitas no computaran, si alguien sabe cómo lograrlo, le agradecería que me lo dijera). Pero vamos, que ni de lejos he entrado yo en mi blog 300 veces. ¡¡Ni de coña!! Podré haber entrado 20, para comprobar los cambios. Pero no más.
También es cierto que últimamente me he puesto muy en serio con el blog y actualizo casi cada día... (Cosa rara en mí. Ya veremos cuánto me dura...). Y eso hace que las visitas aumenten, claro. ¿Pero taaaaaaaaanto? ¡Se han triplicado!

Así que... estoy flipándolo, chic@s. No sé si serán los fans de Adele, que ahora me acosan, no sé si será el tema de la depilación de cejas, o los gatitos que puse para ilustrar las actitudes que me sacaban de quicio... pero desde entonces tengo una burrada de visitas.
Seh, va a ser eso. Os molan los gatejos, ¿eh? Pillines... Pues nada, dos tazas. Seguiré poniendo de vez en cuando fotos de gatos cachondos. xDD

A ver, me siguen -me seguís- comentando a menudo los seguidores y lectores habituales, incluso han llegado nuevos comentaristas/seguidores; pero que no, que no se corresponde esa enorme subida en el número de visitas con un incremento en el número de comentarios. Obviamente, siempre el número de comentarios es bastante inferior al de visitas...  I know. Y desde luego, al ritmo que voy, si todos los que me visitan me comentaran, tendría que dedicarme sólo a contestar y ¡buscarme una secretaria!

Eeeehhh... Que yo encantadísima, ¿¿eh?? Recibir comentarios es lo mejor del mundo bloguero, de verdad. Si queréis hacerme feliz, si queréis demostrarme vuestro cariño, etc, etc... con dejarme un comentario basta. No hace falta que os hagáis seguidores (pero si os hacéis, también es bien).
Basta con unas palabras. Por breves que sean. Un saludo, una mención. Un "¡Me gusta tu blog!". Incluso un "No me gusta una castaña... " :P
Se acepta todo, siempre que se diga desde el respeto.
Y nada, que esta "chorra-entrada" era una excusa para daros las gracias a todos los que me leeis habitualmente y a los que habéis llegado nuevos a mis tejado en estos últimos días. Gracias, de corazón, a todos. Me hace una ilusión tremenda saber que cada vez pasa por aquí más gente.
Y lo dicho, que no me seáis tímid@s, veeeeeenga, que no me como a nadie.... Y que me encanta que me dejéis vuestros comentarios.
Y nada más, gatitos míos, GRACIAS de nuevo y ¡¡FELIZ FINDE!! =)





12 de enero de 2012

Someone like you


¡Buenas! Como habréis podido ver, he cambiado el fondo del blog.
Sí, "Año nuevo... vida nueva". Y blog nuevo. Bueno, el blog es el de siempre, pero le he hecho un buen cambio de look. Estaba ya un poco harta de la plantilla que tenía, ya que la cabecera estaba demasiado recargada de elementos decorativos e innecesarios, el título del blog no se leía bien, y no me dejaba cambiar cosas como el tipo o color de la letra, ni poner determinados gadgets donde yo quería...
Vamos, que era una plantilla muy puñetera. Así que ayer, se me cruzaron los cables y dije: ¡A la mierda! Y me cogí una de las que trae Blogger por defecto, de ésas que hace un año no quería ni ver en pintura porque me parecían el colmo de la sosez, pero que ahora, me parecen súper sencillitas, elegantes y cucas. Ains... me hago mayor...

Le cambié algunas cosas, le puse un dibujillo de gatitos en un tejado en la cabecera et voilà! El resultado no está mal, ¿no? Al menos, creo que está todo más despejado, no sé...
Ahora me diréis que os molaba más la plantilla anterior y yo me querré abrir las venas... ¬¬

Dicho esto... Vamos al tema. Hoy la cosa viene musical.
Y es que, hay una canción que, últimamente, no me puedo quitar de la cabeza. La escucho a todas horas y la canto en todos lados: en la ducha, mientras trasteo por casa, en el coche... Y en el trabajo no porque me da palo, que si no... Pero siempre acabo tarareando aunque sea el estribillo.

Vamos, que se me ha pegado como un chicle, cosa que, a diferencia de lo que me suele pasar, no me molesta, en absoluto. Al revés. Y es que me parece un pedazo de canción.
Hablo de Someone Like You, de Adele. Preciosa es poco para definirla.



Bueno, no es muy recomendable si estáis en un momento de bajón post-ruptura sentimental, eso es cierto.
Ahora mismo no es mi caso, y por eso, la puedo cantar y escuchar sin que se me haga un nudo marinero en la garganta, porque la cancioncita es destroyer, pero a base de bien.
Aun asi, soy tan masoca que, estoy convencida de que, si estuviera atravesando una época de desamor, la escucharía igualmente, como quien se echa vinagre en una herida abierta. En fin, que el que avisa no es traidor. Si estáis en un momento chungo, mejor que la dejéis aparcada. Por vuesta propia salud mental, porque es la típica de pegarse una jartera de llorar.

Bueno, a Adele (Londres, 1988, ¡oh, qué retórico ha quedado esto! xD), yo la descubrí a raíz de su primer single, Rolling In The Deep, el cual machacaron y siguen machacando hasta la saciedad en las radios.
La canción me gustó, era muy rollo Amy Winehouse. Con mucho ritmo, y esa voz tan imponente. Pero tampoco me mató. Una buena canción, entre tantas otras. Aunque no lo suficiente como para que me cautivara.

Luego supe que Adele, esta muchacha londinense grandota y tan mona de cara, (aunque a veces me la peinan y maquillan como si fuera una marujona y le echan como 30 años encima. De hecho, yo al principio pensaba que tenía treintaytantos...) había ganado dos premios Grammy y se había convertido en la revelación musical de la temporada. Pos fale, pos bien... Pos me alegro.

De repente, Adele estaba hasta en la sopa... Adele por aquí, Adelé por allá, Adele con pestañones postizos, Adele con pelucón, Adele con uñacas de porcelana, Adele con vestidito, Adele con camisa de cuadros de tipo leñador, y así.
Un día, escuché por primera vez Someone Like You  y supe que era de ella, la del Rolling In the Deep. Y ahí ya sí que me enamoré.
Sobre todo, me tocó la fibra sensible saber cómo se gestó esta canción.

Os cuento por si no lo sabéis: Adele compuso Someone Like You una noche en su cama, mientras lloraba a moco tendido y se cagaba en todas las muelas del pedazo de cabrón y %&%$%&* de su ex, después de enterarse de que él iba a casarse con la chica con la que ahora salía. Estas cosas joden un huevo.

Y ella se imaginaba qué pasaría, o más bien, qué le diría a él si se lo encontrara en ese momento. 
Le diria, por ejemplo...


I heard
That you're... settled down
That you... found a girl
and you're... married now.
I heard
that your dreams came true
Guess she gave you things
I didn't give to you...


(Oí que has sentado cabeza
Que encontraste a una chica
Y que ahora estás casado.
Oí que tus sueños se hicieron realidad.
Supongo que ella te dio lo que yo no te di...)

Qué putada, ¿no?
Pero como Adele es buena chica, en el estribillo, que a mí me pone los pelitos de la nuca de punta y que me gusta cantarlo a voz en grito, ya no sólo es que no le guarda rencor, sino que además, le desea lo mejor... (yo no podría). Y le ruega que no la olvide.


Never mind, I'll find
someone like you
I wish nothing but
the best for you, too.
Don't forget me, I beg,
I remember you said
"Sometimes it leasts in love
but sometimes it hurts instead".


Lo dicho, que me pone los pelos de punta. Porque inevitablemente, te pones en su piel y sientes lo que ella siente, y sufres con ella. Porque sabes que esta canción está basada en una historia real.


Y sobre todo, me emociona esta parte:


Nothing compares,
no worries or cares.
Regrets and mistakes
they're memories made.
Who would have known how
bittersweet this would taste...


(Nada es comparable,
Ni preocupaciones ni cuidados.
Lamentos y errores
forman parte del recuerdo.
Quién hubiera sabido
el sabor agridulce que esto tendría)


Es tan sencillo, pero a la vez tan sincero, tan profundo, y tan bello... No hace falta decir más. En ese párrafo resume a la perfección lo que uno siente cuando la persona a la que ama se ha ido y ya no se puede hacer nada para volver atrás y hacer que vuelva a nuestro lado. Porque nada se compara a ese dolor, y porque nadie nos advirtió de lo mucho que dolería. Y es que, cuando te enamoras y eres correspondido, y eres súper feliz, obviamente, no quieres pensar en el final, y en qué pasaría si todo acabara.
Y una vez pasa, te sientes solo, perdido, y sin saber qué hacer. Y no queda otra que aceptarlo como viene.

Es una letra dura, que no deja ningún resquicio al optimismo ni a la esperanza. Pero es que a veces, la vida es así. Por eso me gusta tanto esta canción. Porque hay millones y trillones de canciones que hablan del desamor y del abandono, y la mayoría no consigue hacer ni siquiera que me emocione mínimamente ni que sienta un mínimo de empatía. Porque parecen todas iguales.
Y en cambio, la señorita Adele ha logrado con este Someone Like You que yo también eche de menos a ese chico desconocido, (el cual le inspiró todas las canciones del disco 21), que sienta ese mismo vacío y que lamente con ella que todo acabara así. Pocos artistas lo consiguen, y ella lo ha conseguido.

En fin... Que hoy estoy sensiblota.
Aquí os dejo el vídeo oficial, que también es muy bonito, y está rodado en París.
Lo dicho, si estáis de humor y sois correspondidos, lo véis. Si no, mejor poneos otra cosa más animada.


*Por cierto: ¿Os gusta la música de Adele? ¿Conocíais esta canción? ¿Y la historia? ¿Os emociona tanto como a mí, aun sin estar atravesando un mal momento en el amor? ¿Preferís otras, como Rolling In The Deep? Feliz jueves!





11 de enero de 2012

Actitudes que me sacan de quicio


Me considero una persona tranquila, afable y tolerante. Como buena Leo, tengo mi carácter, es cierto, pero también tengo bastante aguante... En condiciones normales.
Aun así, hay determinados tipos de personas, o más bien, ciertas conductas y actitudes que me sacan totalmente de quicio.
Comportamientos que hacen que pase de...



...gatita adoréibol....




a... 



...bestia salvaje, en cero coma. 

Como por ejemplo:

1. Los absurdamente indecisos. 

En la heladería: 

-Ay... ¿De qué lo pido? De "estratachela"?? (Se dice "es-tra-cha-te-la", de stracciatella, melón@!!!), de tarta de queso con arándanos, o de leche merengada? Ay, jooooo... no sé... 

(5 minutos después)

-¿Y si me voy a lo seguro y lo pido de limón? ¿O de chocolate? Uffff....
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En la pizzería:

-¿Pizza capricciosa, cuatro quesos, napolitana...? Ainssss... qué indecisión... Las 3 me gustan...

(10 minutos después)

-La cuatro estaciones también tiene buena pinta... Ah, ¿y la de barbacoa?
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En Zara:

-¿Me llevo el jersey rojo o el azul? Los dos son bonitos... ¿Cuál será más combinable? 

(15 minutos después)

¿Y si me llevo el blanco? El blanco va con todo, ¿no? O mejor negro, que es más sufrido. Ay, no sé...

Y pueden pasarse así 3 horas, para decidir el puñetero sabor de un helado, de una pizza, de un bocadillo, el color de una prenda de ropa o elegir entre café o té. 

Y vale, entiendo que a veces es difícil decidir, cuando tienes un abanico de posibilidades más o menos amplio, en el cual hay varias que nos gustan. Pero, joder, seamos serios: el sabor de un helado no es una decisión tan relevante, tan decisiva en nuestras vidas como para que cueste tanto decidir ¿no? 
Quiero decir, si hoy pides el helado de stracciatella, otro día pedirás el de leche merengada, y otro, el de limón. Vamos, que no va a ser ésa la única vez en tu vida que vas a comer helado, en cuyo caso sí tendrías que pensar bien tu decisión.

Y como el helado, la pizza o el jersey. Hoy te compras el rojo, y el mes que viene, si quieres, el azul. 
E incluso, ahora, en rebajas, puedes comprarte los dos.
¡No hay que darle tanto drama al tema, coño!
Que no se tata de elegir una carrera, un trabajo, un piso, el lugar de residencia o el nombre de tu futuro hijo... Que ahí, sí, debes intentar elegir con bastante acierto, se trata de una elección relevante en tu vida (o en la vida de tu hijo). Pero ¿elegir entre pizza capricciosa y cuatro quesos? Por favor... 

2. Los que te dan consejos, supuestamente bienintencionados, sin tú haberlo pedido.

Típica actitud paternalista que me provoca instintos asesinos. 
Esa gente que se cree con derecho a decirte qué debes hacer y qué no debes hacer, cómo debes actuar y cómo no, y cuando les dices que ellos no son quién para darte consejos, se enfadan y te dicen que eres una borde y una desagradecida, que ellos lo hacen por tu bien... y que así te va a ir en la vida, si sigues teniendo ese orgullo y no escuchas sus amables y bienintencionados consejos. 

¡A la mierda!
A esa gente me dan ganas de hacerles saltar los empastes de una hostia. Así, sin más. Y luego decirles que lo he hecho por su bien. Para que, a la próxima, se metan la lengua en el culo.

3. Los que te dan su opinión sin tú haberla pedido.

Variante de la anterior, no hace falta que me extienda mucho. 
Pues eso, gente que se ve en la necesidad de decirte que el nuevo corte de pelo no te queda del todo bien, que estabas mejor antes; que ese pantalón te hace el culo gordo o que esa sombra de ojos que llevas no te favorece nada.
¿Es que alguien te ha pedido opinión, imbécil? Es más, ¿crees que me importa lo que pienses, petarda?

4. Gente que ya tiene una edad y hace referencia a tu juventud -y supuesta inexperiencia- con retintín.

-Ay, Gata, es que eres muy joven para entenderlo, ya me dirás de aquí a X años, ya...
-Se nota que no has vivido mucho... 
-Hablas desde la inexperiencia. No puedes entenderlo porque no lo has vivido en tus propias carnes...
-¡Pues no te queda aún que vivir!...
-Ahora es normal que no te preocupes por esas cosas, pero ya verás cuando tengas X años...

Esa actitud me hace pensar que, en realidad, sienten envidia de mi juventud, pero en vez de hablar de ella como una virtud, como algo bueno, lo hacen como si fuera algo malo, apuntando a que soy joven, pero también inexperta, y.. ¿estúpida?

Y, dentro de este grupo, también entraría el subgrupo de gente que te comenta así, de pasada, que a tu edad ya habían hecho esto, lo otro, lo otro, y lo de más allá.

-¿Tienes 30 y no estás casada?*

-....

-Uhhhhh, pues yo a tu edad ya tenía a mi mayor, y estaba embarazada de la segunda. Y con 35 me divorcié. ¡Y dos años después me volví a casar!**


-.........................

*Espabila o se te pasa el arroz.
**Y tú todavía con estos pelos...

Pues tía, partiendo de la base de que me importa un huevo lo que tú habías hecho o dejado de hacer a mi edad, vale, sí, a lo mejor no sé lo que es casarme, tener dos churumbeles, divorciarme y volverme a casar en un plazo de 6-7 años, como has hecho tú... Pero no por eso soy más gilipollas que tú, ni estoy menos preparada para la vida diaria. Y si tú a mi edad ya habías hecho todo eso, fue tu decisión. A mí no me presiones. Cada una hace su vida y en ningún sitio está escrito que lo tuyo sea lo normal y lo mío sea lo anormal. Lista. 

5. Los excesivamente escrupulosos con la comida.

Quizá es que yo soy muy poco delicada con las cosas del comer. Vale, no es que me lo coma todo en plan Monstruo de las Galletas, pero nunca he sido excesivamente maniática con la comida. 
Sí, hay una serie de cosas que no me gustan y que evito pero, por lo general, me gusta casi todo y me lo como sin problemas. De pequeña, nunca les di a mis padres demasiados quebraderos de cabeza a la hora de comer. 
Quizá por eso no soporto a esa gente que sieeeeeeeeeeeempre le tiene que poner algún pero a la comida. Gente que nació ya desganada.

-Ay... qué asco (mirada de ídem)
-¿Eso estará bueno? (más mirada de asco)
-Tiene demasiada sal...
-Está soso, ¿no?
-Ajjj, lleva ajo...
-Sabe raro...
-¡Uy, qué grasiento!
-Pufff, no me apetece...
-¿¿¿¿¿¿Espinacas????? Puaf, no me van nada...
-Yo es que, carne/pescado/verduras/legumbres (ponga aquí lo que corresponda) no suelo comer, ¿eh?
-Uf, yo el queso es que ni lo pruebo, qué asco, sólo el olor me da náuseas...

Y así, siempre. No se tata de una o dos frases de las anteriores, lo cual puede ser perfectamente normal, todos tenemos nuestras filias y fobias culinarias. No, es gente que puede decir todas las anteriores en sucesivas comidas. Nada les apaña. Todo les da cosa,
Y te dan ganas de decirles: ¿pero tú qué comes? ¿Néctar de flores? ¿Ambrosía de los dioses? ¿Algodón de azúcar? ¿Espuma del mar? ¿Directamente no comes?  ¿?¿?¿?

6. Los pedantes.

Gente que necesita demostrar constantemente que es súper culta, y para ello, te explica la última película que ha visto: un drama social en VOS, de un director israelí, por supuesto, de cine independiente, cuyo mensaje es la sociedad tan egoísta, solitaria e impersonal en la que vivimos. 
Y el último libro que ha leído: un tratado de metafísica de un tío austríaco de nombre impronunciable.
Y la última galería de arte que visitó, con obras Kandinsky, Paul Klee, Miró y Pollock. Y te las va detallando una por una, y contextualizando... 

Y tú, que no es eres tonta ni inculta, que tienes tus estudios, tu carrera, que has leído lo tuyo y sigues leyendo, que tienes una cierta idea de cine, que sabes algo de arte...  después de escuchar al pedante, le miras con cara de gilipollas y acabas sintiéndote a la altura de Kiko Rivera, en lo que a nivel cultural se refiere. 
De todas formas, a mí se me pasa pronto, y siempre acabo pensando que esa gente que necesita hacernos partícipes a los demás de su vaaaaaaaaasta cultura, en realidad, lo que buscan es aceptación y aprobación constante, lo cual deja entrever su propia inseguridad. 

7. Los pluscuamperfectos.

Gente que siempre sabe cómo quedar bien con todo el mundo, que todo lo hace bien, que nunca se enfada ni dice una palabra más alta que otra, que no se equivoca nunca, que nunca se despeina, que nunca tiene un mal día, que sabe de todo, que entiende de todo, que cae bien a todo el mundo, que... Vamos, que son perfectos y maravillosos, oiga. 
¿Pues qué queréis que os diga? Pues que nadie, nadie, es perfecto. Por lo tanto, esa gente que se esfuerza por estar siempre bien, divinos de la muerte, estupendos, simpáticos, ideales y sin un pelo fuera de su sitio, aparte de que me cansan mucho por histriónicos y cargantes, me parecen tremendamente artificiales y forzados. Se pasan la vida haciendo un papel, adquiriendo una pose, simulando que son algo que no son. No se puede estar perfecto las 24 horas del día, 365 días al año. Es imposible. 


Todos tenemos días malos, todos cometemos errores, todos tenemos fallos y defectos. Y eso nos hace humanos. 
Los pluscuamperfectos están constantemente interpretando un papel, una farsa. No son auténticos, y por tanto, no son de fiar. Por eso no me gusta esa gente. No me da confianza. 

8. Los de la falsa modestia.

No soporto a la gente creída y soberbia. Me dan auténtico ascazo. Pero... hay un grupo al cual detesto más, y es a los que se lo tienen creído, pero ejercen de falsos modestos.
Y es que, a los creídos, al menos te los ves venir. Ellos van de guays, están encantados de haberse conocido, se creen la hostia, pero... no lo disimulan. 
En cambio, hay un actitud todavía más lamentable. Esa gente que siempre se está quitando mérito con la clara intención de que el resto le regalemos el oído.

-Mari Falsimodesty: Bufffff... ¡Estas navidades me he pasado de la raya, qué gorrrrrrrrda me he puesto!
-Regaladoradeoídos: Pero qué dices, ¡¡¡¡¡si estás delgadíiiiiiiiiisima!!!!! Yo creo que hasta has perdido peso...
-Mari Falsimodesty: (en estado de orgasmo tras oír lo anterior): Ay, no sé... El otro día entré en Mango a por unos pantalones de la 34 y casi no me los podía cerrar.. ¡¡¡Estoy hecha una foca!!!
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-Mr. Falsomodesto: Pues ayer me comentó un compañero que mi nuevo jefe está encantadísimo conmigo, que aunque fui el último en incorporarme ya soy el mejor del equipo, que trabajo muy bien, que mis ideas son las más interesantes... Pero no sé si darle demasiado crédito. Yo no creo que sea para tanto...
-Regaladordeoídos: Pues es verdad, eres un tío muy preparado, estaba clarísimo que ibas a destacar desde el principio...
-Mr. Falsomodesto: No sé, a ver si lo dice para que me confíe y luego darme la puñalada... Aunque la verdad es que currar, soy el que más curra. Ahí no le falta razón...

¿Es o no es para decirle a la primera que sí, que se ha puesto como una morsa, y al segundo, que el compañero le está mintiendo y que en verdad es un inútil y lo van a despedir? 
Pero somos tontos, o demasiado políticamente correctos, y les decimos lo que quieren oír...


* ¿Y vosotros? ¿Qué actitudes o comportamientos despiertan vuestros instintos más destructivos? ¿Qué tipos de personas no soportáis? ¿Coincidís con los míos?
¡Comentadme!   =)




7 de enero de 2012

Va de cejas...

AVISO: este post va más dirigido a la población femenina, pero los chicos que os paséis, también podéis leerlo, y así, entenderéis el sufrimiento de vuestras madres, novias, esposas, hermanas, vecinas, compañeras de trabajo y demás. Aunque bueno, mejor quedaos, que tengo un recadito para vosotros...

Efectivamente, hoy la cosa va de cejas... y de su depilación.
Las cejas, esas dos líneas de vello que tenemos encima de los ojos y que, a pesar de que su función principal es la de proteger el ojo contra la entrada de porquería, polvo, sudor y demás, también cumplen una clara función estética.
Y es que... Imaginaos sin cejas, amiguit@s. No, no hace falta que os lo imaginéis. Podéis verlo. Poneos frente a un espejo y tapaos las cejas con una mano. ¿Cambia o no cambia la expresión facial?

Del mismo modo que cambia el hecho de tenerlas más o menos pobladas o de darles una forma determinada u otra. Ya puedes ser guapísima, tener tipazo e ir perfectamente maquillada, que como tengas unas cejotas feas y descuidadas... cagas todo el conjunto.
¡Parece mentira lo mucho que esas dos franjas de pelambrera contribuyen a la expresión y a la armonía del rostro! Pero claro, ellas van a la suya. Crecen y crecen como quieren... Por eso nos roban tanto tiempo y nos esclavizan tanto. Porque hay que controlar su crecimiento, dándoles un grosor, tamaño y forma que armonicen con el rostro.

Ainsss... Bueno, las que tengáis unas cejas perfectas en las que los pelos no crecen a su bola, ni más de la cuenta, esa suerte que tenéis. Cabronas.
No es mi caso.
Mis cejas son de normal anchitas y un tanto rectas, a parte, tengo un remolino en una de ellas y eso me las hace un poco asimétricas. En resumen: un coñazo.
Me paso la vida encadenada a las malditas pinzas de depilar. Creo que fue lo primero que empecé a depilarme, antes incluso de empezar a maquillarme.
Toooooooda una vidaaaaaa... Estaríaaaaa contigoooooooo...

Sí, mis pinzas y yo llevamos juntas ya la tira de años. Luchando contra el crecimiento salvaje y descontrolado de mis cejas.
Pero a pesar del tiempo que llevamos unidas, no creáis que a estas altura domino yo el arte de la depilación "cejil" tan a la perfección como cabría esperar. Todavía me sigo haciendo algún que otro desastre. Sobre todo, quitarme más pelos de los necesarios y dejarme esas odiosas calvas, que luego me toca maquillar.
Porque esto de depilarse las cejas es adictivo.
A ver, yo es algo que odio hacer. Me hace un daño insoportable, y eso que tengo alto el umbral del dolor. Pero es que... uffff, la piel que está cerca de los ojos es tan sensible... Y luego, pues eso, que me da perezón ponerme a ello. Espejo de aumento, pinzas... Y ¡hala, a quitar pelamen!

Pero oye, luego resulta que no puedes parar.
Cuando empiezas, ya no hay stop, como las Pringles. Te lías, te lías, ahí a quitar pelos ¡y no hay quien te pare! ¿No os pasa a vosotras?

Y claro, en saber parar a tiempo está la virtud. Hay que saber dónde poner fin, o las pinzas te acaban dominando, en un bucle mortal.

¿Qué cómo se depilan correctamente unas cejas? Hay muchas teorías y trucos al respecto...






*Se suele decir que el inicio de la ceja debe coincidir más o menos con el lagrimal o con las aletas de la nariz, porque si están más juntas o más separadas, tus ojos parecerán más separados o más juntos, respectivamente, de los que de por sí están.
El arco de la ceja debe situarse a la mitad del ojo.
Luego, el final de la ceja, en teoría debería cruzar la lína imaginaria que trazarías subiendo en diagonal hacia la sien, desde el rabillo del ojo, y blablablabla... (Como me explico fatal, y además, puede que se me haya ido la olla en algo, mejor os dejo este enlace, por si os interesa).

Resumiendo: depílatelas como te salga del chirri, pero que te queden bien. Que no parezcan dos felpudos, ni tú parezcas Tamara (o Yurena, o Ámbar, que ahora mismo no sé cómo se hace llamar esta señora), ni Zapatero (ya sé que no hace falta poner imagen suya, que bastante visto lo tenemos ya, pero por si aca), ni tampoco el payaso triste... Que, por cierto, si, como a mí, os acojonan los payasos, mejor no busquéis "payaso" en Google Images.
Yo aviso.

Errores a no cometer en la depilación y arreglo de las cejas:

-No depilárselas y dejarlas crecer porque "te gustan naturales", (pero al final, te puedes confeccionar una bufanda con ellas).
Esto es llevar las cejas naturales, apenas las lleva depiladas. Pero a ella le quedan bonitas. Un poco bastotas para mi gusto, pero no se puede negar que la chica es monísima:


Natalia Vodianova


En cambio... Esto otro NO es bonito y no se puede consentir.


Lourdes María Ciccone León


Ni aunque seas la hija de la mismísima Madonna. Que además, tiene más delito todavía siendo hija de quien es, llevar esas cejas y ese mostachaco. ¿Acaso no tiene suficiente dinero la Reina del Pop para comprarle a su hija unas cejas de depilar y un poco de cera para ese bigote? Lo de ese entrecejo no es normal... ¡Parecen dos palmas de palmera!
Vale... debo admitir que esta foto tiene unos añitos y que, a día de hoy, y para alegría de todos, Lourdes María ya se depila (algo) cejas y bigote. Bien por ella.



Y por cierto... ¿Qué os parece esto?

Katy Perry

Con lo mona que es esta chica... ¡Y lo mal que va casi siempre! No hablemos ya del pelucón fúcsia, rematado con ese tupé espantoso y esos pendientazos de choni de extrarradio... 
¿¿¿Cómo se le ocurre salir con semejantes cejacas??? ¿Era un homenaje a Groucho Marx? Porque si es así, le faltaba el bigote...
Imagino -o quiero imaginar- que ésas eran pintadas y que sigue teniendo sus cejas normales.
Katy, cariño, cambia de asesor de imagen, ¡ya!

-Irse al otro extremo y dejarse un hilillo de pelo como se estilaba en las películas de los años 30-40.

Marlene Dietrich


Esas cejas están bien para Marlene Dietrich o Greta Garbo, cuando ese look estaba tan de moda. Pero por Dior, ¡han pasado más de 60 años! Ahora, esas cejas tan finas resultan antiguas, rancias y artificiales. ¿Qué es eso de llevar unas cejas que parecen hechas con tiralíneas?

En esa misma onda, está lo que yo considero el mayor atentado cejil que se puede hacer: tatuárselas.

¡Arrrgggghhhh!


EL FUCKING HORROR.
¿A quién se le ocurrió eso de tatuar las cejas? No, en serio, ¿a quién? El inventor o inventora merece una muerte lenta y dolorosa... Tan lento y doloroso como el proceso de tatuar unas cejas.
Sé de lo que hablo, tengo un tatuaje en la espalda y, si bien no es un dolor insoportable, tampoco te hacen cosquillas precisamente, mientras te tatúan.
No quiero imaginar cómo de jodido tiene que ser tatuarse en esa zona del cuerpo tan sensible... **Auch!**

Y total, ¿para qué? Vaaaale, como decía antes, la ausencia de cejas deja una expresión rarísima en la cara. Como de alien. Y hay mujeres que, por diferentes razones, se han quedado sin pelo en las cejas, se les ha caído, y han perdido expresividad y armonía facial. Bueno, en esos casos podría entender eso de tatuárselas y así tenerlas de forma permanente, porque eso de estar todos los días pintándoselas también tiene que ser un coñazo. Además de articial.
Pero... ¿¿¿chicas que se arrancan las suyas **¡¡¡¡Auch!!!!!!!**, y luego se tatúan encima otras??? ¿Por quéeeeeeeee? ¿Para cambiar la forma? ¿Para no tener que depilárselas ya nunca más? WTF?
¿Pero es que el pelo no sigue creciendo una vez te lo quitas?

Uffff... Me parece espantoso, de verdad. Es innecesario en la mayoría de los casos y el resultado suele ser bastante hortera.
Y siento si a alguien le ofende. Sé que hay muchas mujeres que se las tatúan, pero eso de que la ceja esté pintada, sin sus pelillos... ¿Qué queréis que os diga? Es como tatuarse el pelo de la cabeza. Rarrrrro, rarrroooooo...

-Hombres con las cejas depiladas. Otra vez: Why???????





O_o    Sólo le falta ponerse rimmel

Queridos hombres, chicos, etc: Esto NO es bonito. Llevar las cejas más arqueadas y definidas que vuestras novias no mola nada. Es afeminado y raruno. Una cosa es que vuestra forma natural sea así, cosa que no suele ser muy frecuente.  
Tampoco estoy diciendo con esto que no os quitéis algún pelito del entrecejo, o si tenéis las cejas demasiado anchas y os endurecen las facciones quitarles "algo" de volumen... Pero esta moda de depilárselas con forma de coma y todo... Definitivamente, NO.
Vale que os depiléis pecho, piernas, axilas, partes íntimas, espalda, nuca... Pero las cejas, dejadlas en paz, por favor. Estaréis mucho más guapos y sobre todo, más varoniles, con vuestras cejas tal y como son.
Si es que... encima que tenéis la puñetera suerte de no tener que estar todo el día con las pinzas... ¡Y vais vosotros y os complicáis la vida! Qué mal repartido está todo...

Y bueno, eso es lo que yo pienso sobre este tema de las cejas y su mantenimiento.

*Y ahora vosotr@s: ¿Preferís las cejas anchas y naturales o finas? ¿Qué pensáis de las cejas tatuadas? ¿Y de los hombres que se depilan las cejas con forma y todo?
¡Comentad! ^^

5 de enero de 2012

La noche de Reyes



Esta noche es, sin lugar a dudas, la más mágica y especial del año... Sobre todo para los más peques de la casa. Una noche con la que llevan soñando todo el año.
La noche de Reyes, ésa en la que sus deseos se hacen realidad.

Y así la recuerdo yo. Para mí, también era la noche más esperada, la más luminosa. Una noche en la que todo era posible.

En mi casa, por supuesto, siempre hemos sido de SS.MM. los Reyes Magos de Oriente. Mientras fui pequeña, el Gordo de rojo nunca pisó mi casa.
¿Un señor barrigudo que venía en un trineo desde Laponia? A mí no me convencía nada. Yo esperaba a mis tres venerables Magos de Oriente. Los Reyes son tres frente a un solo Papá Noel; vienen en camellos desde el lejano y mágico Oriente, y no en un cutre trineo tirado por renos de nariz roja (¿?¿?) desde un lugar totalmente inhóspito. Llevan túnicas doradas, capas de terciopelo, ¡coronas!,.. y no ese traje de felpilla rojo y blanco tan poco favorededor...
¡Si es que no hay color!

Sólo más tarde, ya de adolescente, empecé a recibir regalos también en Nochebuena, con eso de que así se disfrutan más. Pero a mí no me los traía Papá Noel. Me los daba mi familia.
Y por supuesto, de niña, siempre creí en los Reyes, para mí, los únicos y genuinos.

La noche del 5 de enero, como decía, era mágica, especial... Recuerdo que iba con mis padres a la Cabalgata. Aunque "no sé por qué", siempre imaginé que aquellos que desfilaban en carrozas por el centro de la ciudad y nos lanzaban caramelos, no eran los verdaderos Reyes Magos, sino hombres vestidos (más o menos...) como ellos, puesto que los Reyes de verdad bastante trabajo tendrían como para encima perder el tiempo en cabalgatas.Y además, ¿cómo era posible que estuvieran al mismo tiempo en Madrid, en Barcelona, en Valencia, en Bilbao, en Sevilla, en Tenerife... como veía yo en la tele?

-Es que son Magos.

Ya, claro. No cuela...

Pero de lo que sí estaba firmemente convencida era de que, esa noche, los Reyes Magos visitarían mi casa, al igual que las casas del resto de niños del mundo. ¿Que cómo se lo montaban para que les diera tiempo a pasar por todas las casas, sin hacer ruido ni ser vistos, y sin equivocarse de regalos? Eso ya escapaba a mi entendimiento...

Yo era de Gaspar. Dice Cristina, de El gallinero de Miss Marple, (adoro este blog), que los que son de Gaspar son de George Harrison. Y tiene razón... :)
Yo era de Gaspar y de Harrison.

Sí, los de Gaspar éramos niños un tanto outsider. Raritos.
Lo mainstream era ser de Baltasar, tan negro él, tan exótico, tan guapetón, tan joven... (O al menos, más joven que los otros dos).
Y si no, te ibas al extremo opuesto y eras de Melchor. Ese ancianito venerable, que podría ser tu abuelo...
¿Pero Gaspar? Mediana edad, raza blanca, pelirrojo... No, definitivamente, Gaspar no era el favorito de la mayoría, eso está claro. Pero yo sí era de Gaspar. Me parecía entrañable.

Bien... Después de volver a casa de la Cabalgata, cenaba, y a dormir. Tenía cero ganas, por supuesto. ¿Quién quería -o más bien, quién podía- dormir con lo que estaba por venir?
Pero tus padres insistían e insistían...

-Si no te acuestas pronto y te duermes, los Reyes no vendrán, ¿eh?

Claro, ante esa amenaza, no había más que decir. Tocaba irse a dormir con o sin ganas. Y punto pelota.

Porque ésa era otra... ¿Y si alguna noche me despertaba de madrugada y... ¡zas!... los pillaba in fraganti colocando mis regalos?
Era una de esas situaciones que, por un lado deseaba, -ver en persona a los auténticos Reyes, ¡wow! ¡qué caña!... Pero, por otro no estaba del todo segura de querer que sucediera. No sabía si estaba preparada para ese shock.

Porque... en el hipotético caso de que me los encontrara frente a frente.. ¿Qué les decía?

-¿Hola? Vaya nochecita ¿eh? Están cansados, ¿verdad? Es que llevan ya mucho tute...
Los camellos, ¿qué tal? Menos mal que no los han subido, que luego mi madre se pone histérica si ve que le han chafado la alfombra persa...
Que por cierto, Ustedes vienen de por allí, ¿no? De Persia y eso...

-¿Les ayudo a colocar mis regalos? O ya directamente los voy cogiendo yo, si eso...
¿Les saco un vaso de leche y galletas? ¿Los turrones y polvorones que sobraron de Nochevieja? No, qué cutre soy... Mejor un copazo del Chivas ese que tiene mi padre en el mueble bar, ¿no?
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No, definitivamente, no me veía yo preparada para mantener una conversación con esos tres grandes señores... Yo es que siempre he sido muy tímida.
(Tuve a Arturo Valls a mi lado, codo con codo, durante diez minutos, mirando libros en la Fnac y no me atreví ni a decirle "hola". Conque imaginad a Sus Majestades...).

Y luego, vivir con ese secreto, ¡con ese privilegio! Porque no vas a ir luego radiando por el patio del cole que has visto a los Reyes de verdad. ¡O contándolo por los platós de televisión! No, no, no. Además, nadie me creería...

De todas formas, nunca me vi en tal situación. Nunca los pillé. Siempre fueron más rápidos, más sigilosos. Unos verdaderos profesionales de la magia, el ilusionismo y el escapismo.

Cuando al fin abría los ojos la mañana del día 6... ¡¡¡¡¡Qué nerrrrrrrrrvios!!!!!
Toda la casa estaba en el más absoluto silencio. No se oía una mosca. Mis padres dormían... Y los Reyes, obviamente, ya hacía rato que se habían ido. ¡Cachis! Me hubiera gustado verlos, aunque hubiera sido un segundo, mientras se iban...
Me ponía las zapatillas, los calcetines y el batín a toda prisa y atravesaba el gélido pasillo... hasta situarme ante la puerta del salón.
Tras aquella puerta, ¡estaban mis regalos!

O eso esperaba. Porque... ¿y si se habían olvidado de mí? ¿Y si ese año no había sido del todo buena y me habían dejado carbón?
Ése era otro de mis grandes temores. Encontrar carbón en vez de regalos. ¡Menudo bajón!
Y luego, la vergüenza pública: "Este año me han traído carbón porque no he sido buena..."

Afortunadamente, eso tampoco pasó nunca. Si es que yo era una niña muy buena... xD

Recuerdo que giraba el picaporte de la puerta con mi manita temblorosa, cerraba los ojos con fuerza, flanqueaba el umbral, entraba en el salón, abría los ojos y.......


¡¡¡¡¡¡¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!


Allí estaban. Sobre la alfombra persa. Pefectamente colocados. Con sus papeles de colores brillantes. Mis regalos.
Empezaba a abrirlos con una emoción indescriptible. Para entonces, mis padres ya se habían levantado y entraban en el salón.

-¡Anda, los Reyes ya han llegado!
-Cuántas cosas, ¿no? Eso es que has sido buena este año...

Yo no podía ni articular palabra.
Estaba justo lo que yo había pedido, más alguna otra cosilla que ellos, muy amablemente, habían pensado que podría gustarme. ¡Y vaya si me gustaba!

¿Cómo lo hacían para acertar siempre? ¡Entendían mi letra!
E, incluso había años en que no había tenido tiempo para escribirles ninguna carta.... pero ellos siempre daban en el clavo. No sé si era magia, telepatía, o si mis padres informaban a algún emisario real de mis deseos, y éste a su vez se lo trasnmitía a los Reyes.
No sé cómo, pero siempre acertaban en mis deseos. ¡Qué cracks!

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Viví unas cuantas mañanas de Reyes con esa felicidad y esa ilusión irrepetibles...
Pero llegó un año en que la magia se desvaneció. Cómo no.
Crecer es inevitable.
No recuerdo muy bien cómo fue. Sí recuerdo que tendría unos 8 o 9 años.

Mentiría si dijera que no me llevé una decepción. Claro que sufrí una decepción. Fue mi primera gran decepción. Y te sientes triste, sientes que ya nada será igual, y te encantaría volver atrás en el tiempo, volver a creer como antes.

Pero también te sientes más mayor.
Y entonces todo encaja, claro.
Te das cuenta de que no hay 3 enigmáticos Señores que son Magos y que te visitan una vez al año desde muy lejos, sino un señor y una señora a los que conoces muy bien, que están muy cerca de ti durante todo el año, y que, ayudados por otro señor y otra señora mayores, con canas y gafas, aun sin ser magos, hacen verdaderas virguerías por que tú vivas cada 6 de enero un sueño hecho realidad.
Y maduras, y entiendes el por qué no debes abusar y pedir tooooooooodo lo que se te antoja, pues tus padres y abuelos no pueden comprártelo todo, aunque quisieran.

Pero... a pesar de todo, la noche y el día de Reyes siguieron siendo grandes en mi casa. Seguimos celebrándolo casi como el primer día.
Y si alguna vez tengo hijos, por supuesto, no renuncio a la experiencia de ver sus caritas de ilusión, a la hora de abrir sus regalos, mientras les dices, como si la cosa no fuera contigo:

-¡Hala, ya han venido los Reyes! Cuántos regalos, ¿eh...? Eso es que has sido buen@ este año...

Quiero que vivan durante unos años esa misma emoción que mis Reyes Magos me hicieron vivir a mí.
Y cómo no... no quisiera dejar pasar la oportunidad de pedirles a SS. MM. los Reyes que para este año tan duro que nos espera, traigan salud, amor, trabajo, fortuna y en definitiva, felicidad.  
En ellos confío.

*Y vosotros, ¿qué les pedís a los Reyes este año?


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