Estoy muy, muy, muy cabreada. Mucho. Estoy que echo humo.
Tengo una amiga que cada día es más egoísta y aprovechada y estoy ya empezando a perder la paciencia. Y lo peor de todo es que no soy asertiva, no sé decir las cosas a la cara, no sé decir NO cuando quiero decir NO. Digo SÍ... Y luego acabo comiéndome el sapo.
Y entonces sólo me queda patalear y ladrarle al aire. Como esta mañana, que iba en el coche al trabajo hablando sola, gritando sola al volante, diciendo tacos, toda indignada, y diciendo todas esas cosas que debería haberle dicho a la susodicha en su cara. Anoche.
Y ahora estoy escribiéndolo aquí, vomitando mi malestar, mi ira, en esta entrada que leeréis vosotros, pobrecicos míos. Pero es que no aguanto más.
Quizá no sea para tanto, pero yo hoy me siento mal. Me siento tonta perdida. Me siento utilizada. Y eso no es amistad, creo yo.
Mi "amiga" Tóxica (la llamaré así a partir de ahora) vive y trabaja actualmente en Madrid (después de haberse recorrido durante años Europa entre Erasmus, becas, prácticas y demás. Por tanto no ha estado nunca en los momentos importantes, o cuando de verdad se la necesitaba cerca).
Desde que se estableció al fin en la Capital de España tiene por costumbre venir una vez cada dos meses a la City a ver a la familia y los amigos.
Un día de entre semana me avisa de que viene este finde, que a ver si quedamos. Y yo, como siempre, encantada. (Pierdo el culo).
Pero ayer fue el colmo.
Tóxica y yo habíamos quedado por la tarde a merendar con Amiga Común en una cafetería de la City cerca de donde ésta trabaja, ya que Amiga Común saldría de trabajar y se reuniría con nosotras, y bueno, no la íbamos a hacer desplazarse a la otra punta de la ciudad después de todo el día currando (yo también trabajé ayer, he de añadir, aunque pude ir a casa a comer).
No pasa nada.
Desde el pueblo donde yo vivo ahora al lugar donde está la cafetería (un barrio del extra-extra-extrarradio de la City) hay una distancia considerable. Vamos, me tocó coger carretera y cruzarme la ciudad enterita.
No importa. Me desplazo. Por las amigas se hace lo que sea. Al fin y al cabo, soy yo la que viene en un "pueblo perdido", y ellas están en la ciudad. Es mi problema.
Después de la merendola, Amiga Común se tiene que ir porque tiene un compromiso familiar. Nos quedamos Tóxica y yo. Son las 20 h. ¿Qué hacemos?
Decidimos ir al cine.
Ella propone ir al centro y aparcar por allí. Yo le digo que ni de coña, porque aparcar allí es infernal, (la que lleva coche soy yo. Tóxica había acudido en Metro).
Vamos, es que ni lo intento.
Al final, la convenzo para ir a un centro comercial con multicines y restaurantes variados, por si después de la peli queremos cenar algo. Ella me dice que prefiere ver cine independiente y a ser posible en VOS. *Momento gafapasta del día, patrocinado por Tóxica*.
Inciso: las dos últimas veces que he ido con Tóxica al cine hemos visto sendas pelis en VOS.
Y es que estoy hasta el gorro de ver pelis en VOS. Lo siento, pero a mí me gusta ver cine para evadirme y divertirme, sin tener que leer los putos subtítulos para enterarme de lo que dicen los actores. Que oye, no me importa ver alguna peli en VOS de vez en cuando, pero esa tiranía snob-gafapastosa de alguna gente me mata. Lo siento, pero me cansa.
Y más teniendo en cuenta que en España tenemos a los mejores actores de doblaje del mundo.
"Ay, pero es que en la versión doblada te pierdes la voz y la interpretación del actor".
Me la suda. Y no se pierden tantos matices, joder.
Vale, pues todo esto no fui capaz de decírselo. No tuve la determinación de decirle que yo, otra vez VOS, no.
La "suerte" que tuve fue que en los multicines aquellos no había pelis en VOS. Muahahaahahaa! EPIC WIN.
Tampoco había cine independiente. ("Oooooooohhh, qué penaaaaa". NO)
Estaban las típicas pelis comerciales: "Los Vengadores", "American Pie 4", "Los Juegos del Hambre"... y esas cosicas.
Entonces, ella me dice que, de ver una, sería "Los Vengadores". Y yo ya con las orejas haciendo palmas, de pensar que iba a ver a Robert Downey Jr. dándolo todo.
Pero en ese momento, Tóxica me dice, como si fuera el descubrimiento del siglo: "Es que no hay sesión en VOS".
Y yo: Claro que no, esto son unos MULTICINES, cine comercial americano y doblado al castellano, para pasarlo bien; no cine árabe subtitulado en swahili y japonés para gafapastas integristas como tú.
Entonces dice que no. El mismo rollo de siempre: que en todos estos años por medio mundo, se ha acostumbrado a ver cine en versión original y le chirrían las pelis dobladas.
(Vamos, no me jodas...).
GRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR
Y en ese punto,
Al final vimos The Pelayos, que por cierto, os recomiendo.Al ser española, obviamente, la vimos en versión original... Y no hacía falta subtítulos. Decisión salomónica. La única que contentó a las dos. (Y no sólo a ella, para variar).
Vale, vamos a la taquilla y pagamos cada una SU entrada: ella paga tarifa
Y nos metemos en la sala.
Antes, me dice que no quiere palomitas, ni chuches, ni refresco ni nada. Y añade que, -como buena gafapasta radical- detesta el ruido de las palomitas y del refresco cuando se sorbe con la pajita, que la distrae muchísimo.
En fin, que me cortó el rollo y no me atreví ni a comprarme unas pocas chuches. (Estoy segura de que, si las compro, me pide y se acaba comiendo ella más de la mitad. Algún día tengo que hacerlo para ponerla a prueba).
Empieza la peli. En un momento determinado, a mitad de película o así, me da por mirar en el móvil a ver si tengo algún SMS o algo.
Pues le molesta. Y me dice al oído, pero con evidente enfado que guarde el móvil, que el resplandor de la pantalla de mi móvil le molesta y le distrae.
WTF????????? Usté perdone...
Debo decir que "The Pelayos" no es una de esas películas de suspense en las que tienes que estar súper concentrado porque a la más mínima distracción, pierdes el hilo y ya no te coges nunca. Vamos, que no.
Acaba la peli y decidimos ir a cenar.
Pero Tóxica me dice que no le mola ninguno de los tropocientos establecimientos que hay en el centro comercial.
Hay desde los típicos McDonald's, Burguer King o Foster's, a otros más variados y abarcando diferentes tipos de cocina: italiano, oriental-wok, cantina mariachi, restaurante americano, turco-kebab, cañas y tapas, Los 100 Montaditos, taberna andaluza, buffet-libre... Variedad, como podéis ver.
Pues ninguno le parecía bien.
Me dice que salgamos a la calle a buscar un restaurante.
El barrio donde está ese centro comercial es muy nuevo, y está ubicado a las afueras de la ciudad. Vamos, que no es como el centro urbano, donde te puedes aburrir de encontrar sitios para comer.
De ahí que hayan puesto ese centro comercial con tantos establecimientos diferentes. Para que no te tengas que volver loco buscando un restaurante.
Le digo que encontrar un sitio allí que no sea el típico McDonald's puede ser como que la Duquesa de Alba se proclame campeona mundial de spinning. Imposible.
Tóxica me dice que necesita salir de allí, que se agobia en los centros comerciales y necesita tomar un poco de aire. (Aclaro que es un centro comercial semidescubierto, con un montón de terrazas al aire libre, no un recinto cerrado claustrofóbico).
A mí no me importaría ir a la búsqueda del restaurante ideal, si no fuera porque son las 11 de la noche, cosa que Tóxica no parece tener en cuenta.
Salimos del centro comercial y lo que vemos en aquella laaaaaaaaaaarga y solitaria avenida es esto:
(Pero de noche, que da más acojone)
Ah, a lo lejos parece vislumbrarse, efectivamente, un McDonald's (para eso no hacía falta salir del centro comercial, digo yo), un sushi-bar ultrapijo y ultracaro, y, por fortuna, un turco, que parece normalito y asequible. Allí que nos metemos. Son ya las 23.30.
En vez de pedir un entrante al centro y cada una un plato, Tóxica decide unilateralmente pedir sólo dos entrantes al centro, no fueran a ser muy grandes y acabáramos empachadíiiiiiiiisimas. (Lo cual me extrañó, ya que Tóxica tiene bastante saque).
Y ya, si
Así se hizo. Los entrantes resultaron ser un pequeño bol de hummus y 4 ridículas croquetas falafel (dos por cabeza).
Claro, las tripas de Tóxica empezaron a quejarse de que con aquella birria no tenían ni para empezar. Al final, consintió en pedir un entrante más. Y me lo pregunta: ¿Pedimos otro entrante?
Me dieron ganas de contestarle a la gallega: ¿Tus tripas qué dicen?
Acabamos de cenar, no pedimos ni postre ni nada (yo misma ya no tenía ni hambre del cabreo que me estaba entrando), y pide la cuenta. Nos la traen y, of course, hace la división.
"Salimos a tanto".
No fuera a ser que me hiciera ilusiones yo de que me iba a invitar o algo. Aquí cada cual, lo suyo. Perfecto.
Pagamos y justo antes de irnos, viene una chica monísima, RR.PP. de una terraza ultra-pija que celebraba una fiesta súper-cool esa noche y nos deja unos descuentos por si nos queremos pasar. Tóxica, poniendo ojos de gato de Shreck me dice que si nos acercamos a la fiesta súper-cool.
La miro fijamente y le digo: Mira, es que yo mañana trabajo y me toca madrugar.
Y me contesta: Ay... ¡es verdad! Pobrecita... ¡Se me había olvidado! Nunca me acuerdo de que trabajas los fines de semana...
No sé si de verdad no se acordaba o lo dijo a ver si colaba y a pesar de tener que madrugar hoy, me animaba a trasnochar. En cualquier caso, me repateó cómo me lo dijo.
Total, que llega el momento de despedirse (por fin). Lo suyo hubiera sido dejar a Tóxica en una parada de taxis, ¿no? Sería lo razonable.
Pero... ¿cómo hago eso? ¿Cómo voy a ser tan mala amiga?
Sí, al final llevé aTóxica en mi coche a casa de sus padres (a la otra punta de la ciudad), y luego, cómo no, me tocó volver a mi casa, y para ello coger la carretera situada a su vez a la otra punta de donde viven los padres de Tóxica.
Vamos, un show. Ayer me crucé la Cityde punta a punta como 5 veces.
Y lo mejor: mientras la llevaba, Tóxica, al más puro estilo profesor de autoescuela, me indicaba a cada cada momento que hacer: "Gira a la derecha, ahora haz la rotonda y sigue recto, después a la izquierda..."
...Como si no supiera ir a su casa, ¡con la de veces que he ido!
En resumen: mientras Tóxica ya estaba en su cama, yo iba por la autovía camino de mi casa. Y con un cabreo monumental.
Por cierto: un taxi, entre bajada de bandera y tarifa nocturna, le hubiera costado a Tóxica, mínimo, 10 euros, desde donde estábamos hasta su casa. ¿Creéis que me ofreció siquiera 3 euros por el trayecto?
Que la gasolina cuesta su dinero, y no sólo eso: mi tiempo (yo madrugaba hoy; ella, no) y el riesgo de una noche de sábado con mucho loco al volante...
¿Se ofreció siquiera a invitarme al cine (7,5 euros)?
No, en ningún momento.
Y mientras yo tengo un contrato temporal (y estoy pendiente de un ERE), ella tiene contrato FIJO. ¿Por qué es tan tacaña? ¿Por qué es tan poco detallista?
En fin: que llegué a casa pasada la 1 de la madrugada, cansada, con sueño... y triste. Y ni siquiera tenía un WhatsApp suyo (ya no digo un SMS o una llamada, que valen dinero) preguntándome si había llegado bien a mi casa (tengo que coger un tramo de autovía) y dándome las gracias por dejarla en su casa GRATIS.
No sé si estoy muy ofuscada y resulta que no es para tanto, o tengo razón y esta chica es tremendamente egoísta. No sé qué pensar.
Y no sólo eso. Es que siento me utiliza sin atisbo de rubor. No soy su chofer, soy su amiga.
Pero es que, las últimas veces que hemos quedado la he tenido que dejar siempre en su casa y volverme yo a la mía. ¿Por qué? ¿Tengo alguna obligación al respecto?
Claro, así cualquiera es amigo de otra persona. Me pregunto si yo no cediera a todos sus caprichos: si le dijera claramente que no la llevo a su casa, que coja un taxi; o al menos, que invite ella al cine; o si le dijera que esta vez toca ver la americanada padre en versión doblada, y que cada una pida el plato que quiera para cenar y ya se harán cuentas...
Me pregunto entonces qué pasaría. Si yo me comportara así, si la tratara como ella a mí, si la utilizara de esa forma...
Estoy convencida de que, si yo la tratara así, ya haría tiempo que pasaría de quedar conmigo.
Creo que los amigos hay que cuidarlos, mimarlos, tener detallitos con ellos de vez en cuando... Y no vampirizarlos de esa forma. Y encima, ni agradecida ni pagada. ¡Vamos, hombre!
Hay que saber ceder, hay que saber dar tu brazo a torcer de vez en cuando, aceptar los gustos de los demás sin imponer los nuestros, sacrificarse a veces y no anteponer siempre nuestro propio interés y comodidad en detrimento de los demás, ¿no? Al menos, así entiendo yo la amistad. Igual estoy eqiuvocada.
En fin, que estoy decepcionada y cabreada y necesitaba decirlo.
Pero lo peor es que estoy más enfadada conmigo misma, -por idiota, por no decir las cosas claras-, que con ella.
Me anula. No sé cómo lo hace pero ha sido así desde que nos conocemos, y son ya más de 10 años.
Creo que debo empezar a decir las cosas como las siento y dejar de morderme tanto la lengua. Si sigo así, el día menos pensado explotaré de rabia... Y será mucho peor.
----Gracias por aguantar mi pataleta----
:P






