El otro día, vi por la tele la película Infiel (Unfaithful), con Diane Lane, Richard Gere y el siempre guapísimo Olivier Martínez.
Como el propio título indica, la peli nos habla de una infidelidad. Cómo una feliz (aunque algo aburrida también) esposa y madre (Lane), le pone la cornamenta a su querido y amantísimo esposo (Gere) con un bombón con acento francés (Martínez).
Sin ser la película nada del otro mundo, me pareció interesante el hecho de que, en esta ocasión, sea una mujer la infiel. Que nos muestre la infidelidad desde el punto de vista femenino. Y es que, a veces, parece como si el tema de la infidelidad fuera monopolio de los hombres. Cuando no es así. (Lo que pasa es que las mujeres, en general, son más discretas).
Bueno, al acabar de ver la película, no pude evitar plantearme algunas cuestiones.
Por ejemplo: ¿Qué lleva a una mujer felizmente casada con un atractivo hombre maduro que la quiere a morir, a perder la cabeza y caer en los brazos de un joven y guapísimo desconocido?
¿Qué arrastra a esta mujer a engañar a su esposo con otro hombre?
¿Atracción fatal? ¿Curiosidad? ¿Aburrimiento?¿Acabar con la monotonía? ¿Deseo irrefrenable?
No lo sé. Puede que un poco de todo.
Y en general, ¿qué lleva a la gente a ser infiel a su pareja?
No vengo aquí a dar lecciones morales a nadie. No soy quién. Cada cuál, es libre de hacer lo que quiera. Yo sólo puedo hablar desde mi experiencia.
Pero sí considero que una infidelidad es una traición en toda regla. Y si eres infiel a tu pareja, puede ser que, a lo mejor, no la quieres tanto. Porque si de verdad le quieres, no le engañas, no le haces daño. Es tan sencillo como eso, ¿no?
Claro que la vida está llena de tentaciones. Claro que puedes cruzarte un día con alguien que te suba las revoluciones a mil. Por supuesto que puedes conocer a una persona y sentir una atracción brutal. Pero, ¿vale la pena ir más allá?
Al fin y al cabo, somos personas, no animalitos. Y como personas, tenemos la capacidad de decidir y de pensar los pros y los contras de nuestras acciones sin dejarnos llevar por el instinto.
Una relación de pareja supone un compromiso, y nos exige una exclusividad. Esa persona y nadie más. Así son las cosas.
Porque, por otro lado, nosotros también exigimos esa exclusividad por parte de nuestra pareja. Esas son las reglas del juego.
Nunca se puede decir "de este agua no beberé", pero creo que nunca sería infiel, en parte por el sentimiento de culpabilidad que me quedaría tras hacer algo así. No me compensaría.
Aparte de que quiero tanto a mi novio y estoy tan enamorada de él que no veo la necesidad de probar otras cosas. Simplemente, la infidelidad no entra en mis planes.
Ni aunque venga ahora mismo Brad Pitt y toque a mi puerta (bueno, eso es harto difícil que pase, pero...).
:)
Además, pienso que, cuando uno de los dos miembros de la pareja necesita buscar fuera de casa es porque quizá, algo falla en esa relación. Si todo va bien, no hay necesidad de buscar otra cosa, ¿no?
En ese caso, creo que es mejor replantearse la relación, ver qué pasa, dónde está el prblema. E incluso romper la relación si la cosa no va para alante.
Por mucho que le duela a la otra persona, siempre preferirá la franqueza del “Esto no funciona” al engaño que supone una infidelidad. Al menos esa es mi opinión.
Y por supuesto, prefiero saber la verdad (aunque me haría muchísimo daño y me dejaría hecha polvo durante mucho tiempo), pero... mejor saberlo que "ojos que no ven, corazón que no siente”.
Y llegado el caso, creo que no podría perdonar algo así. Aunque él me jurara y me perjurara que fue una tontería, que había bebido, que es a mí a quien quiere, que nunca lo volverá a hacer... Pero es que, ¿quién te asegura que efectivamente, nunca más volverá a ocurrir? Además, me resultaría muy difícil volver a confiar en él.
Porque lo peor de una infidelidad, a mi modo de ver, no es el hecho en sí (que, en muchas ocasiones, se reduce a una relación sexual tras la cual no hay nada más, ni enamoramiento, ni ganas de ir más allá). Lo peor es la duda, la desconfianza permanente que inocula en el que es engañado, (que puede acabar en paranoia ) y el atroz sentimiento de culpabilidad del infiel.
Eso es lo que acaba destruyendo la relación. Ya nada vuelve a ser igual una vez se traspasa la delgada línea roja.
Sólamente con mucho esfuerzo, mucha sinceridad, mucha paciencia, comprensión y amor por parte de los dos, se puede reconstruir la relación rota e intentar que las cosas vuelvan a ser más o menos como antes. Sé de algunas parejas que lo han conseguido. Pero no son muchas.
En fin, esa es mi opinión sobre este tema tan... espinoso, podríamos decir. Y repito, no pretendo con este post juzgar ni adoctrinar a nadie. Este es sólo mi punto de vista, que puede coincidir con el vuestro o ser totalmente divergente.
¿Y vosotros? ¿Qué pensáis de todo esto? ¿Estáis de acuerdo con mi postura? ¿Pensáis que no es para tanto? ¿Perdonaríais una infidelidad?..
Animaos a contestar. ¡Toda opinión me interesa!



