24 de mayo de 2010

Lo que me pone de los nervios


Sí. Estas cosas me ponen muuuuuuuuuuuuy nerviosa. Mucho.

-Las colas interminables: en la caja del súper, en la ventanilla del banco, en la taquilla del cine, en los aseos...

-Las motos que van con escape libre. (Rectifico: los descerebrados que llevan la moto con el escape libre)

-El reggeaton

-Las conexiones de Internet leeeeeeeeeeeentaaaaaaas ZZZZZZZZZZZ....

-El ruidito de las palomitas en el cine (crunch, crunch, crunch...) que no te deja enterarte de la película

-La gente histriónica que tiene que ser siempre la más graciosa y divertida de la reunión. Me aburren tanto...

-Las cacas de perro en mitad de la calle

-Los atascos y la sinfonía de cláxones que provocan (moc-moooooc, piiiiip-piiiiip, meeeeec-meeeeec...)

-Esta canción

-Y ésta, todavía más. (Vamos a ser otra vez la coña de Europa, uououoooooo....)

-Cualquier sonido persistente/intermitente que rompa el silencio de la noche: el tic-tac del despertador, el plop-plop de un grifo que gotea, el ñeeeeec-ñeeeeeec de una puerta que chirría...

-Ir en el metro y que la persona (desconocida) que está sentada enfrente de mí me mire fijamente. Inquietante...

-Arruinarme la manicura francesa por tener que hacer algo con las manos inmediatamente después de acabar de pintarme las uñas

-Que en medio de la multitud, alguien me dé un codazo, un pisotón, un empujón.... O pero aún: ¡me sobe!

-Estrenar unas medias y, a los 5 segundos, hacerme una carrera desde el muslo hasta el tobillo.

-La gente que aporrea el teclado del ordenador. (Sobre todo, si es tu compañer@ de trabajo y se sienta a tu lado)

-Que me agobie el/la dependiente/a de una tienda  "¿Le puedo ayudar en algo? ¿Necesita algo? ¿Quiere algo?" Sí: que me dejes tranquila.

-Encontrarme subida la tapa del WC

-Tender la ropa, lavar el coche y/o salir de la peluquería perfectamente peinada, y que caiga el Diluvio Universal 2.0

-Esa gente que, de cada 5 palabras que dice, 3 son anglicismos: cool, OK, fashion, shopping, parking, week-end, personal trainer, gym, lunch, break... ¿Acaso no existen en castellano las palabras equivalentes? Moderno, de acuerdo, moda, compras, aparcamiento, finde, entrenador personal, gimnasio, almuerzo, pausa... Ah, claro que éstas no son tan cool...

-Los comennnnnnntaristassssssssdeporrrrrrrtivossssssss eeeeeeeeee que imitannnnnnnnnnnnaJoséMarÍaGarrrrrrrcíaaaaaaaaa.... GOOOOOOOOOOOLLL!!!!!

-Pintarme los labios y mancharme los dientes de carmín . (Y ser la última en darme cuenta de ello).

-Estar en el teatro y que en mitad de la obra, suene un móvil. (Si a mí me pone de los nervios, a los actores ni os cuento cómo les debe de sentar eso)

-La gente que habla con la boca llena

-Los niños maleducados que dan la brasa mientras sus papás ni se inmutan. Al revés, les hace taaaanta gracia su nene... (Qué rico el niño...)

-Que se me cuelgue el ordenador cuando estoy a punto de acabar un trabajo en el que llevo horas. (Y, por supuesto, reiniciar y perderlo todo)

-La gente que no se quita las gafas de sol ni para ducharse

-Los anuncios de productos dietéticos o de cremas reafirmantes protagonizados por modelos flacas y sin celulitis. (¿Será que ellas los necesitan?)

-Que me interrumpan cuando estoy hablando. Sobre todo, para decir una gilipollez.

-Que un tío me mire todo el rato el escote... Y no a la cara




(Y ahora, perdonadme pero tengo que ir a por mi vaquita antiestrés).



22 de mayo de 2010

Nostalgia teppanyaki


Anoche, mi novio y yo salimos a cenar a un restaurante de comida asiática que nos gusta mucho. Ese local, además, tiene para nosotros un cierto valor simbólico, porque fue uno de los primeros lugares donde fuimos a cenar, a las pocas semanas de empezar a salir.

El caso es que hacía ya tiempo que no íbamos y anoche decidimos volver (a la mierda la dieta :P).

Como de costumbre, nos sentamos en las sillas que hay alrededor de la enorme plancha (teppan) que hay en este tipo de resturantes, donde un japonés (bueno, no sé si es japonés, chino, vietnamita o qué) prepara diferentes platos: pollo a la teppanyaki, arroz cantonés, pato laqueado, etc .

La verdad es que el tío es todo un espectáculo: trocea los ingredientes a una velocidad de vértigo, los va colocando sobre la plancha y luego les añade los diferentes condimentos y salsas haciendo malabares con los botes de salsa de soja, de salsa agridulce, la pimienta, el sésamo,... ¡Vamos, ni Tom Cruise en Cocktail lo haría tan rápido!

Lo dicho, un espectáculo.

Así, mientras cenas, estás entretenido. Eso sí, el problema que tiene eso de cenar frente al teppan es que sales del local con un olor a fritanga que echa p'atrás, pero bueno...

Por eso, en estos restaurantes también hay mesas alejadas de la plancha. Para quien quiera cenar sin impregnarse del olor a comida. Aunque a nosotros siempre nos gusta cenar viendo al cocinero malabarista. Nos divierte.

Bueno, pues anoche pedimos dos menús degustación (¿he dicho ya que a la mierda la dieta? Pues eso). No entiendo cómo los orientales pueden estar tan delgados. Si comen la misma cantidad que nos sirven a nosotros... ¡Es imposible! Yo creo que ellos sólo se toman la ensalada de algas y el sushi.
En fin, que nos pusimos las botas. ¡Estaba todo tan bueno! La sopa de miso, el arroz, los rollitos vietnamitas, la ensalada de algas y sésamo, el solomillo teppanyaki, el pollo agridulce, la verdura con tempura, el sushi y el sashimi... Mmmmhhhhhh.

Mientras degustaba todas esas deliciosas especialidades asiáticas gentilmente preparadas por el malabarista, no podía evitar recordar la primera vez que fui a ese mismo sitio en compañía de mi novio.
Entre una noche y otra, habían transcurrido casi dos años.

Y, obviamente, las cosas han cambiado en este tiempo.

Yo misma me recuerdo entonces algo tímida, intentando resultar interesante durante la cena, parecer fina y educada, pedir lo más ligero, etc....  Y él, pues más o menos lo mismo. Lo típico cuando estás empezando a conocer a alguien que te gusta y quieres causarle una buena impresión.

Ahora, después de casi dos años de relación (uno de ellos de convivencia), estas tonterías ya no tienen sentido. Ahora nos mostramos tal como somos, sin máscaras ni corsés. 

Aun así, anoche, mientras cenábamos, le miraba intentando coger las gambas con los palillos chinos para acabar rindiéndose y optar por el tradicional tenedor (los palillos siempre se le resisten) y me parecía como si no hubiera pasado el tiempo. Tenía esa misma sensación de emoción, esa ilusión de las primeras veces.
No sentía añoranza de aquellos primeros meses juntos, en los que todo era nuevo y empezábamos  a conocernos y a querernos.

Me explico: me pasó en anteriores relaciones que, con el paso del tiempo, acababa añorando esa ilusión del principio. Conforme iban pasando los meses y la rutina se iba instalando en la relación, recordaba con tristeza y nostalgia los primeros meses. Y eso me hacía aún más infeliz, porque sabía que no se podía dar marcha atrás. No sé si también a vosotros os ha pasado esto alguna vez.

El caso es que ahora, ya no me ocurre. Quizá sea porque he madurado y he aprendido a disfrutar del presente. Pero anoche, al volver a ese mismo lugar que tantos y tan buenos recuerdos me traía, me sentía feliz, y no caí en la tentación de evocar aquella época.

He aprendido que el paso del tiempo no tiene por qué ser un enemigo. Al revés, puede ser un gran aliado. Y que echar de menos lo que ya pasó es absurdo, porque nos impide ser felices en el presente. Hay que disfrutar cada etapa de la relación.

Cuando acabamos de cenar, la simpática camarera nos dijo si queríamos postre. Nosotros nos miramos con complicidad y él contestó: "No, gracias. Tráiganos la cuenta, por favor".

Al salir del restaurante (con la ropa y el pelo impregnados de olor a arroz 3 delicias, por supuesto), él me cogió por la cintura y me susurró al oído: El "postre" mejor nos lo tomamos en casa...



18 de mayo de 2010

Dime cómo vistes...


La forma en que vestimos dice mucho de nosotros. Esto no es ninguna novedad. Por mucho que alguna gente nos quiera convencer de lo contrario, nuestra imagen (y dentro de ella se incluye nuestra indumentaria) es nuestra carta de presentación.

Y de esa imagen que proyectamos, derivará en gran parte la idea primera que los demás se hagan de nosotros. Puede que suene a tópico, pero no deja de ser cierto que esa primera impresión, en muchas ocasiones, (y aunque no nos guste) es la que cuenta.

Así que mejor intentar que esa imagen sea lo más neutra posible y se adecue al contexto, la situación, la edad que tenemos, etc. La indumentaria debe transmitir a los demás cosas positivas sobre nosotros. Por supuesto que cada cual es libre de llevar lo que quiera, pero, en mi opinión, hay estilos que se deberían evitar.

Por ejemplo:

-Señoras que ya pasaron los 50 pero se empeñan en seguir vistiendo como cuando tenían 15. Pensad en Ana Obregón. Minifaldas muy cortas, estilo Lolita (la de Nabokov, no la Flores), camisetas súper ajustadas, taconazos y el pelo recogido en coletitas. Mmmmmmm, patético, ¿no?

-Los “arreu”. “Arreu” es un término valenciano para referirse a esa gente desaliñada, desarreglada, que cuida poco su imagen y casi siempre lleva lo mismo. No confundir con el término casual o informal... El arreu es el casual elevado al cubo.

Suelen ser varones y su uniforme base es: vaqueros desgastados, zapatillas deportivas más viejas que Sara Montiel y camiseta de Kukuxumusu. Vale. Para el día a día está muy bien... Estilo cómodo, moderno y desenfadado. Y las camisetas de Kukuxumusu, con sus animalitos, me parecen divertidísimas. El problema es que un arreu se pondría la misma ropa si fuera a una boda o a una entrevista de trabajo. Y no, en esos casos, mejor dejar a las ovejas de Kukuxumusu en el armario y optar por un traje.

-Los que tooooooooodo lo llevan de marca. Tanto chicos como chicas. Ellas suelen llevar: gafas de sol de Chanel, pendientes con el oso de Tous, pulserita con el oso de Tous, gargantilla con el oso de Tous, anillo con el oso de Tous...., vaqueros de Fornarina, camisas de Tommy Hilfiger, bolso de Louis Puton (que diga Vuitton) y zapatos Tod’s. Ellos: gafas de Emporio Armani, polos de Lacoste, camisas de Polo Ralph Lauren, pantalones chinos Dockers y zapatillas Nike.

-Mujeres que se obstinan en seguir embutiéndose la talla 38, cueste lo que cueste. Pantalones (elásticos) con el botón y la cremallera a punto de reventar, que piensas, “como se siente, esto explota”. Y jerseys y camisetas de elastán que hacen aún más evidentes los ya de por sí evidentes michelines. ¡Con lo fácil y cómodo que es llevar ropa de tu talla!

-Los que se empeñan en enseñar a todo el mundo su ropa interior: esos tangas de hilo que asoman por encima de la cintura, esas gomas de boxers con las letras de Calvin Klein que se ven sobresalir de tantos pantalones... De verdad, no hace falta.

-Las fresitas. Adolescentes que todo lo llevan de color rosa. Camisetas color rosa de Hello Kitty, diadema rosa, zapatillas blancas y rosas, pantalones fucsia, pendientes de plástico de color rosa, bolsito de plástico ¿¿¿de qué color?? Sí, rosa. Buffffff. Sobredosis de tarta de fresa.

-Los total look negro. Gente que el único color que conocen es el negro. Todo negro. Pantalones negros, camiseta negra (habitualmente, con el nombre de una banda de heavy metal), pelo negro, uñas negras, ojos pintados con raya negra...). Y, como mucho, su “alivio de luto” se reduce a prendas grises o azul oscuro. Vale. Que son colores elegantes, que estilizan y transmiten seriedad. Pero... un poco de color no les vendría mal, ¿no? (Aunque sean góticos o emos).


Aun así... está claro que cada uno es como es, y es libre de ponerse lo que quiera. ¡Faltaría más!




17 de mayo de 2010

Top 10 de cosas horteras, kitch y/o pasadas de moda


Sí.... las hemos visto en múltiples sitios; algunas incluso las hemos llegado a tener o las tenemos actualmente (yo la primera). Pero aun así, reconozcámoslo... son horteras hasta decir basta. Podrían ilustrar un catálogo de los horrores. Ahí van:

1. Esos porta rollos de papel higiénico hechos de crochet o ganchillo que decoran algunos cuartos de baño (¿Pa' qué?).

2. El muñequito de Elvis que mueve las caderas sobre el salpicadero. Un clásico.

3. Prácticamente todo tipo de souvernirs: desde la réplica en miniatura de la Torre Eiffel, hasta el imán de nevera con forma de paella.

4. Las lámparas de lava (kitchs, sí, pero a mí me molan).

5. Los sillones con tapicería de vaca (Muuuuuuuuy horteras).

6. El Maneki Neko. O sea, ese gato dorado japonés que nos saluda con una de sus patas delanteras. Kitch, pero dicen que trae buena suerte.

7. En general, cualquier prenda con estampado animal: leopardo, cebra, etc. Y si es ropa interior, ya ni te cuento. Hortera sin paliativos.

8. El patchwork (o almazuela en castellano): esa manualidad que consiste en coser entre sí trozos de tela rectangulares o cuadrados con variopintos (y cantosos) estampados para hacer: fundas para cojines, edredones, colchas, fundas de sofá, etc . Un cojín, vale. Pero todo el salón o el dormitorio de patchwork...! (¡Qué estrés!)

9. Las fundas para el asiento del coche hechas de bolitas de madera. Suelen llevarlas los taxistas porque según dicen, dichas bolitas son masajeadoras. (Yo las veo más bien incómodas: imaginaos tres horas conduciendo y clavándoos la bolitas...).

10: La riñonera y la bomber. Más que horteras, lo que están es pasadísimas de moda. Definitivamente, sus tiempos de gloria pasaron. Aunque hay quien todavía no se resigna a ello y las sigue llevando (¡las dos a la vez!).


Y ahora... que tire la primera piedra el o la que no haya tenido nunca ninguno de estos objetos.



16 de mayo de 2010

Viajeros... hasta en la sopa


Cuando una fórmula televisiva funciona, las diferentes cadenas se apresuran a explotar el filón y sacar versiones de esa misma idea. Algunas con más éxito que otras, claro.

Ejemplos de esto hay muchos, pero ahora mismo, me vienen a la mente algunos que podríamos considerar los más prototípicos:

1. Reallity sobre la vida en directo: básicamente, se trata de coger a X personas (cuanto más frikies, mejor), y tenerlas conviviendo X días en un espacio cuyas dimensiones y características varían de un programa a otro. A través de unas cámaras, todo el mundo puede ver el “fascinante” día a día de los concursantes.

Aquí tenemos, cómo no, el caso de Gran Hermano y sus tropecientas ediciones, además de la versión Gran Hermano VIP (en éste, los concursantes serán famosos o pseudofamosos, y también, cuanto más frikies, mejor). Pero también están: Supervivientes o La isla de los famosos.

El gran objetivo de este tipo de programa es conseguir que dos concursantes hagan edredonning, o, lo que es lo mismo, se enrollen delante de toda España. Lo cual será comentado en todos los programas de todas las televisiones.


2. Reallity de cazatalentos musicales: se coge a X chavales con buena voz (aunque no necesariamente), y se les mete en una academia donde se les preparara para ser estrellas de la música. Un jurado les dice lo bien o lo mal que lo hacen en cada gala pero al final, es el público (y sobre todo su pueblo o ciudad) quien decide con su voto y los salva. Por supuesto, estoy pensando en Operación Triunfo, Popstars (¿a que ya ni os acordabais de ese programa?), y múltiples versiones en las cadenas autonómicas: en Canal Sur, se emite Se llama copla, en Canal 9 Televisió Valenciana tenemos Un beso y una flor, etc.

Ahora, Televisión Española, viendo que se le agota el filón, y aprovechando el tirón que siempre tiene todo lo retro (por mucho que un anuncio de coche nos quiera convencer de lo contrario), está emitiendo Cántame cómo pasó, un concurso para elegir al elenco de un musical inspirado en la serie Cuéntame cómo pasó. Todo aliñado con canciones de Los Brincos, el La, la, la de Massiel, etc. Original y novedoso donde los haya, ¿eh?

3. Concurso para encontrar a la media naranja: es el clásico anuncio chico busca chica (o al revés) pero con cámaras de TV. En realidad, es "frikie busca churri". Ahí están ejemplos gloriosos como: Mujeres y hombres y viceversa, la versión VIP con  I love Escassi o la versión romántico-rural con Granjero busca esposa.

Y hago toda esta reflexión previa, para referirme ahora a la fórmula que está triunfando en estos momentos: programas que nos cuentan la vida de nuestros compatriotas o paisanos desperdigados por diferentes países del mundo.

Sí, es el caso de Españoles en el mundo y su réplica en las autonómicas, Madrileños por el mundo, Andaluces por el mundo, Valencians pel món, etc.

Y nuevamente, la 1 de TVE, viendo que la cosa empieza a perder fuelle, ha decidido darle la vuelta a la fórmula, y hacer un programa con la misma idea, pero al revés. Es decir, mostrarnos la vida de los extranjeros que eligen nuestro país como lugar de residencia y trabajo. Me refiero a: Destino: España

Debo reconocer que, en un principio, la fórmula me enganchó bastante. Me veía prácticamente todos los programas de este tipo.

Me parecía súper interesante saber qué había llevado a estas personas a establecerse, no sé, en EUA, Argentina, Rusia, Japón, Sudáfrica o Dinamarca, y conocer cómo es su vida en esos países: en qué trabajan, cuánto cobran, cómo son sus casas, lo mucho que echan de menos a la familia y cuánto añoran el jamón, la paella o la fabada. Y cómo no, si allí han hecho nuevos amigos, si han encontrado al amor de su vida y si han formado una familia.

Pero ahora, la verdad es que este tipo de programas ya me aburre. Debe de ser que lo poco gusta y lo mucho cansa. Y esta fórmula está ya demasiado explotada y resulta cansina.

No sé, para seguir manteniendo el interés de los espectadores, quizá sólo haga falta darle un toque "original", manteniendo la esencia, que en sí, es buena.

Y dado el interés que siempre suscita todo lo referente al espacio, se podría hacer un programa titulado (es una idea): Españoles en la Luna. Y para las autonómicas: Madrileños (y catalanes, gallegos, valencianos, andaluces, vascos, aragoneses, murcianos…) en Marte.

¡O más original todavía! Alienígenas en Benidorm.

¡¡Éxito asegurado!! ;)




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