13 de noviembre de 2012

Relaciones amor-odio: mis tetas y yo


Lo confieso: mantengo una relación de amor-odio con mis pechos.
En realidad no creo ser la única.
Por lo que tengo entendido, parece que la mayor parte de la población femenina tiene una relación... digamos que "algo complicada" con sus tetas.
Nunca están lo suficientemente "bien". Por supuesto, me refiero a los pechos naturales, sin retocar, claro.
Siempre nos gustaría tenerlos algo más grandes, o algo más pequeños, o algo más firmes, o algo menos caídos, etc. Siempre hay un 'pero'. ¿No os parece?

Pocas chicas conozco que se sientan 100% a gusto con sus pechos.


Muchas sueñan con una o dos tallas más. Y es por eso que el aumento de pecho es la operación de estética más demandada y que se vendan tantos sujetadores con relleno o con efecto push-up.
La pregunta es: ¿quieren tener más pecho por ellas mismas, porque eso les haría sentir más sexys, más femeninas y que determinadas prendas de ropa les quedaran mejor, o lo hacen por sus respectivas parejas masculinas o para parecer más atractivas al sexo opuesto? ¿Por qué, o mejor dicho, por quién decide una mujer operarse el pecho realmente?

Yo estoy en el caso opuesto. Tengo una 95 C. Soy de pecho más bien grande.
No me operaría para reducir la talla, primero porque siento terror a los quirófanos, y segundo porque no tengo problemas de espalda y demás, derivados del tamaño de mis pechos. Aparte de que tampoco creo tener una talla exagerada. No me resulta un trauma tener una 95.
Pero... sí es cierto que, en ocasiones, me siento incómoda con mis tetas y no me importaría, al revés, molaría tener una talla menos.
Cuando digo incómoda, quiero decir en toda la extensión del término. Incómodo física y psicológicamente.

Incómoda porque...

-Botan cuando voy andando (y corriendo, y subiendo o bajando escaleras, etc).
-Se ven bastante y la gente las mira. (Con envidia, con lascivia, con curiosidad, con sorpresa,...).
-Con determinados escotes o prendas de ropa quedan demasiado... "demasiado", dejémoslo ahí.
-A veces molestan para dormir bocabajo.
-Me cuesta encontrar bikinis de mi talla. Quiero decir, encontrar un bikini cuya parte de arriba me tape lo suficiente y la braga no se me caiga de grande. (¿Por qué la mayoría de marcas de ropa de baño fabrican sus bikinis pensando que todas las mujeres tenemos la misma talla de pecho que de cadera? ¿Y por qué no dejan mezclar tallas? Ahí lo dejo).
-Algunas miradas masculinas dirigidas a esa parte de mi anatomía me han hecho sentirme un trozo de carne.
-Algunos comentarios femeninos (con su buena carga de envidia y malicia) dirigidos también a esa parte de mi anatomía me han hecho sentirme un trozo de carne.

Por todo eso y otras cosas, a veces me encantaría tener una talla menos.

Según leí en algún sitio, las mujeres con un busto generoso (toma eufemismo), resultan más sexys que las que tienen el pecho pequeño.


Y no sólo resultan sexys, sino que también dan una imagen de... ¿cómo lo diría yo? Algo putones ligeras de cascos.

Sólo por tener las tetas grandes, ¿eh? O más grandes que la media.
Por lo visto, una chica con sugerente escote, sin siquiera haber abierto la boca, sólo por tener bastante pecho, sugiere una determinada imagen mental en los demás. Cuando a lo mejor no tiene nada que ver con su forma de ser.

No olvidemos que la función principal de las mamas en las hembras es la de alimentar a las crías.
Vamos, que el componente erótico o sexual de los pechos vino después. En realidad, la función erótica sería secundaria. La de amamantar sería la primigenia.
Aunque obviamente, ya no somos monos ni hombres de las cavernas. Hemos evolucionado y actualmente, los pechos sirven para algo más que la mera función de amamantar.
El problema es que quizá se les está dando un papel demasiado determinante en el ámbito de la seducción, la sexualidad, etc. Hay como una especie de "teta-obsesión".

Conviene tener presente que nada tiene que ver el tamaño de sus pechos con la actitud o disponibilidad de esa mujer hacia el sexo. Es como esa creencia de que los hombres con las manos pequeñas tienen el pene grande y son mejores en la cama, y al revés. ¿Qué estudio científico ha demostrado eso? Nada, son leyendas urbanas.

Pero por desgracia, parece que es una creencia bastante extendida, sí.
Tetas grandes=mujer ardiente

Es absurdo. Y es algo que me fastidia bastante. Y además, hace que muchas chicas con una talla grande de pecho vivan acomplejadas por ello, porque proyectan una imagen que no se corresponde con su personalidad.

Además de que hay prendas de ropa que nos están casi vetadas a las de tetas grandes, porque no nos quedan bien, porque nos hacen parecer más anchas de lo que somos, porque nos quedan exageradas, porque nos hace sentirnos inseguras, etc.
De la misma manera que hay prendas que les quedan mal a las chicas con poco pecho, ¿eh?

En ese mismo sitio que decía antes, leí que las mujeres de senos pequeños resultan más elegantes, más finas, más delgadas, pero muchas se sienten acomplejadas también porque no se ven suficientemente atractivas. Suficientemente "femeninas". Se ven... poca cosa.


(Ojo: hay de todo. Conozco chicas encantadas con el tamaño de sus pechos, sean estos grandes, pequeños o medianos. Pero estoy hablando de la mayoría).

En fin, parece que nunca llueve a gusto de todas. (O de todos).
Yo creo que a veces nos supera un poco. Aunque las mamas sólo sean tejido glandular cubierto de piel, en realidad son algo más, son mucho más que eso.

Para empezar, es algo que nos distingue del sexo masculino. Los senos son un atributo plenamente femenino.
Son sinónimo de feminidad. Y de erotismo, y blablabla.
Y no vamos a negar que resultan muy atractivos al sexo opuesto. Es algo ancestral.

Y pienso que no todas estamos preparadas para asumir todo el poder de atracción que los pechos pueden ejercer. Sí, sabemos que son un atributo sexual, un arma de seducción, y todo eso... Pero creo que a veces nos resulta difícil convivir con nuestros propios pechos y lo que conllevan. Tanto a nivel físico como emocional.

Al fin y al cabo, no nacemos con los senos desarrollados. Sino que estos se desarrollan en la pubertad. De no tenerlos, pasas a tenerlos. De una forma bastante rápida y precipitada. Y ya es de por vida.
Y a diferencia de la menstruación, que son unos días al mes, los pechos están ahí siempre.
Y son bastante más evidentes.

A partir de un determinado momento de tu vida, tienes tetas. Y tu vida cambia.
Tienes que aprender a convivir con ellas. Y con su circunstancia.
Para empezar, tendrás que empezar a utilizar sujetadores. Y todo lo demás...

Algunas lo ven como una bendición.
Otras casi como una maldición.
Y las hay también, las menos, que lo viven con normalidad.

Pero no se puede negar que, para cualquier mujer, el desarrollo de los pechos supone un cierto shock. Es como abandonar la infancia y entrar en la edad adulta de golpe.
Y llega el verano, y en la playa o la piscina los niños ya no te miran como a la niña del verano anterior. Ya no eres la misma. Ahora eres mayor. Aunque apenas tengas 11 años.
Tienes tetas. No lo puedes ocultar.
Y es algo que cuesta asimilar. Al menos así lo viví yo.

Y luego están las comparaciones odiosas: con amigas, con hermanas, compañeras de clase, desconocidas que te cruzas por la calle...
"Esta tiene más/menos pecho que yo".
"Qué tetas más bien puestas tiene aquella, qué envidia".
"Esa está plana como una tabla".
"Me gustaría tenerlas como Fulanita".
"¿Las de Menganita serán operadas?"
"Sí. Sin duda, son operadas".

Las tetas. Están ahí, y a menudo, las vemos más como una carga que como un don de la naturaleza.
A veces, las tratamos injustamente.
Nunca están perfectas. Siempre podrían ser o estar más/menos [inserte aquí adjetivo].
Siempre resultan algo molestas o incómodas. Ellas... o las reacciones que provocan.

Pero no podemos olvidar que son nuestras tetas. Que nos van a acompañar toda la vida. Así que lo mejor es tratar de llevarse bien con ellas, y convertirlas en nuestras aliadas.

Debemos cuidarlas, mimarlas. Sentirnos orgullosas de ellas. Sean como sean. Grandes, pequeñas, firmes, caídas, simétricas, asimétricas...
(Eso no impide que, si de verdad te acomplejan por su tamaño, demasiado grande o pequeño, o te provocan problemas de salud, recurras a la cirugía, si lo crees necesario).
Pero mi consejo es aprender a aceptarlas y quererlas como son. Porque tienen un papel muy importante en nuestra vida:

-Son una de las principales zonas erógenas, con la que obtener placer y con la que proporcionarlo.
-Son feminidad, erotismo y sensualidad.
-Son una poderosa arma de seducción.
-Son fuente de alimento y establecen un vínculo muy especial entre madre y bebé.
Así que, a no quejarse de ellas y a quererlas.

Y a darles los cuidados que necesitan:

-Aclarado con agua fría en la ducha para mantenerlas firmes.
-Cremas hidratantes y reafirmantes.
-Sostenes que las sujeten bien y sobre todo, que sean de la talla adecuada; lo cual no quita que sean bonitos y sexys, y nos hagan sentirnos guapas por dentro. Está demostrado que, si una mujer lleva lencería bonita, con la que se encuentra atractiva, eso aumenta su autoestima.


-Hacerse autoexploraciones y ante la más mínima duda o anomalía, acudir al médico. Así como hacerse controles y mamografías periódicamente. (Más información sobre el cáncer de mama: aquí)

Y, para acabar, me gustaría hacer una encuesta doble:

A las chicas: ¿Qué tipo de relación mantenéis con vuestros pechos? ¿Amor-odio? ¿Estáis contentas con ellos? Y cuando digo contentas quiero decir completamente. No me vale un "Sí, pero...".
(Yo misma he confesado que no me importaría tener una talla menos y que estuvieran algo más firmes).
¿Os ha acomplejado alguna vez la talla o la forma de vuestros pechos? ¿Os los operaríais? ¿Os habéis operado ya o conocéis casos de chicas que se hayan operado? ¿Estáis/están ahora a gusto con vuestro/su pecho?

A los chicos: ¿el tamaño (en este caso del pecho) importa? ¿Es el busto una de las primeras zonas en las que os fijáis? ¿Creéis que una mujer que presume de escote da imagen de poco seria, ligera o ardiente? ¿Pecho pequeño, pecho grande o es indiferente? ;P

Contestar a estas preguntas es totalmente voluntario. Podéis contar, comentar o añadir lo que queráis, en serio...  Sobre todo, me interesa conocer vuestras experiencias y opiniones al respecto. :)

¡Besos!

9 de noviembre de 2012

Desgana vital


Últimamente no tengo ganas de nada. Pero de nada.
Estoy de un vago que no me aguanto.
Si no tengo que ir a trabajar, mi día ideal es levantarme a las tantas, pasarme el día en pijama tirada en el sofá viendo series, hojear alguna revista, y ya si eso, encender el portátil, entrar en Facebook y leer algún blog.

-He abandonado el gimnasio.

-Me he pelado ya varias clases de francés, sólo porque tengo que levantarme pronto y atravesar la ciudad en coche. Y no me apetece nada.

-He dejado de cocinar recetas ricas y elaboradas para hacer lo primero que pillo en la nevera. Pim, pam. Vuelta y vuelta en la sartén y ya está. Lejos quedaron aquellos guisos de puchero, aquellos postres caseros...

-Ponerme a limpiar la casa se me hace una montaña. Menos mal que JJ es AMOR y en este sentido me ayuda mucho.

-¡Si me da pereza hasta maquillarme! Yo, que me maquillaba con brocha y pincel, como los profesionales. Yo, que me pintaba hasta la raya del ojo con eyeliner líquido sólo para bajar al súper. Yo, que me sabía de memoria un montón de tutoriales de maquillaje.
Ahora, si tengo que salir y no me queda otra, me embadurno con un poco de BB Cream y me pongo algo de rímmel y a correr.

-Por no hablar del blog. Que lo tengo lleno de telarañas.
Tengo pendientes de hacer y repartir un montón de memes y premios que me han dejado varias blogueras, como Mandarica, Mi Álter Ego o Pippah London. Mil gracias, chicas. Sois un encanto. En serio, os estoy muy agradecida. A ver si me animo y me pongo a hacerlos. De verdad. (Soy lo peor.)

No sé si es el otoño que me deja atontada.
No sé si será la anemia que me salió en una analítica reciente.
No sé si sigo arrastrando algo de depresión postveraniega.
No sé si es la situación tan lamentable que tengo en mi trabajo, que me afecta más de lo que quiero admitir.
No sé si es que mi vida se ha estancado y eso hace que yo también me encuentre estancada y sin ganas de nada.
No sé si estoy aburriéndome de mi vida en general. Si es que no hay nada que me motive.
Y ya sólo me apetece vegetar por casa.
No sé si será todo junto, pero así es como estoy. Así es como me siento. Sin ganas de nada. Sin fuerzas.
Y me entristece. Y me jode.

Porque yo era una tía alegre. Con ilusiones. Con proyectos. Con ganas de hacer cosas. De ir aquí, allí.
Yo era animosa. Divertida. Creativa. Con iniciativa. Con ganas.
Me quería comer el mundo. Y parece que el mundo me está comiendo a mí.

(¡Si hasta me ha salido una entrada breve! Buf, esto es grave...)


24 de octubre de 2012

Mi experiencia en el mundo 2.0




Es curioso ver cómo, en sólo unos pocos años, Internet y las redes sociales han ido asumiendo una importancia cada vez mayor en nuestras vidas.
El mundo 2.0, nos guste más o menos, se ha convertido en algo habitual en nuestro día a día.

Seguro que muchos de vosotros, nada más levantaros y mientras os hacéis el desayuno, entráis en Twitter, Tuenti o Facebook, tuiteáis o retuiteáis algo; actualizáis vuestro estado, le dais a varios 'Me gusta', leéis alguna entrada nueva de los blogs que seguís, disfrutáis viendo fotos bonitas en Instagram, reblogueáis monaditas de gatitos en Tumblr, etc. ¿Sí? ¿Os habéis visto reflejados?
Es normal.

Por supuesto que hay todavía quien, tal vez por edad, por miedo o prejuicios, por falta de tiempo, por rebeldía o simplemente porque no le llama la atención, permanece ajeno a todo esto. Hay quien jura y perjura que jamás se abrirá una cuenta en Twitter, un perfil en Facebook, que nunca escribirá un blog, que jamás subirá fotos a Internet, etc. Algunos lo mantienen y otros acaban cumpliendo eso de "Donde dije 'digo'...".

Pero a decir verdad, los que consiguen permanecer inmunes a los cantos de sirena que nos lanzan las redes sociales e Internet son minoría, y cada vez lo son más.
Si lo pensamos bien, la mayor parte de los adolescentes y adultos de países desarrollados, tiene, al menos, una cuenta en una red social.
Seguramente, la mayoría de personas a las que conocéis, entre familiares, amigos, compañeros de estudios o de trabajo, etc., tienen Twitter, Tuenti y/o Facebook, escriben uno o varios blogs, tienen un Tumblr, suben fotos a Flickr o Instagram, etc.
Algunos, los más atrevidos o con menos sentido del ridículo, incluso suben vídeos a Youtube.

En fin, que en esta entrada voy a contar un poco mi experiencia con todo esto de las redes sociales.
Mi relación con el mundo 2.0 es relativamente reciente. Al menos, en comparación con otras personas que prácticamente crecieron con Facebook, Tuenti, Twitter, Blogger, Flickr y demás palabrejas ya totalmente habituales en nuestro lenguaje.

...MOMENTO REMEMBER...


Qué recuerdos.... :__)

Yo crecí viendo Barrio Sésamo, La Bola de Cristal, Heidi, Verano Azul (joder, qué panzada de llorar con la muerte de Chanquete... ¿era necesario traumatizar a varias generaciones?) y los Teleñecos; más tarde llegarían Sensación de Vivir, Farmacia de Guardia y Vip Guay. Devoraba los libros de las series azul, naranja y roja de El Barco de Vapor y las aventuras de Los 5 de Enid Blyton. Jugaba al Monopoly, al Telesketch, al Magia Borrás, el Mineranova y el Tragabolas; aprendí a hacer "música" con el teclado Casio. Pasé tardes enteras jugando con Barbie y Ken, Pin y Pon y los clics de Playmobil...
Luego aparecerían los videojuegos: los marcianitos, el Pac-Man, Sonic y Súper Mario Bros.

Y ya, mucho, pero que mucho más tarde, ya en COU y la universidad, descubriría Internet, los chats de Terra y el msn. Eso fue lo más 2.0 que conocí durante mi adolescencia y postadolescencia.
El primer navegador que utilicé era Netscape Communicator. Y flipé. Y los primeros buscadores que usé eran Lycos, Allthewebs y Altavista, los bisabuelos de nuestro Google.



Aquello era súper rudimentario. El Jurásico, sí. Pero para mí era... la hostia. Os recuerdo que fui una niña de los 80-90. Facebook, Twitter, Blogger y todo lo demás, me pillaron ya rozando la treintena.
Pero llegaron. Y aunque en un principio me resistí a iniciarme en todo eso de las redes sociales, al final, no sé cómo ni por qué, supongo que un poco por borreguismo y otro tanto por curiosidad, acabé metida de lleno en muchas de ellas.

Mi primera experiencia 2.0 (si exceptuamos el MySpace, -ya que me abrí uno pero nunca le vi la gracia y acabó condenado al ostracismo-), fue en el 2009, cuando, presionada por amigos y compañeros de trabajo, me hice un perfil en Facebook.


Mi experiencia con Facebook la conté ya en esta entrada, así que os remito a ella si os interesa, y no me extenderé más en este punto. Sólo comentar que últimamente estoy volviendo a Facebook pero sólo para estar en contacto con determinadas personas con las que de otra forma sería imposible. Eso sí: paso millas de granjas, mascotas, restaurantes, islas, acuarios y demás soplapolleces virtuales e innecesarias.
*Ah, por cierto: en Tuenti nunca tuve cuenta, (afortunadamente), puesto que ya me pilló "machucha".

Después de Facebook, y ya aburrida y saturada del mismo, llegaría el blog.


Eso fue en febrero de 2010. Hace cuatro días, como quien dice. A diferencia de otros bloggers que ya tuvieron experiencias previas, este blog es y ha sido el único que he tenido en toda mi vida.
Ni siquiera sé muy bien por qué lo abrí. Creo que como muchas de las cosas que hago: por probar y saciar mi curiosidad. Sí, así de prosaico.
Yo entraba en Internet y veía blogs por toda partes. Todo quisque tenía blog en aquella época. Todo el mundo vomitaba sus penas, contaba su día a día, daba o pedía consejo en una bitácora. Tener blog molaba. Luego llegaría el declive de la bloggoesfera, pero eso ya es otra historia.
Así que, supongo que un día pensé: Y yo, ¿por qué no me abro uno?

La verdad es que no creía tener mucho de lo que hablar: no soy experta en nada, mi vida no es una montaña rusa de experiencias increíbles y fascinantes, no partía de un desamor, una ruptura o un cambio drástico en mi vida, situaciones que suelen ser en muchas ocasiones punto de partida de tantos y tantos blogs.

Pero aun así, quería tener un blog. Así que, cabezota como soy, seguí adelante con el proceso de registro en Blogger, -era fácil y gratuito-, y en un santiamén me vi con una bitácora recién inagurada y nada que contar.
Un blog feo y aséptico con una cutre plantilla rosa de las que antes tenía Blogger.

Poco a poco le fui cogiendo el punto a la bloggoesfera: descubrí otros blogs, aprendí a relacionarme con otros bloggers, empecé a escribir de lo que se me ocurría, un poco de todo, sin pensar en si me leía alguien o no; aprendí a personalizar el blog dentro de mis capacidades (limitadas) y las posibilidades (limitadas también) que Blogger ofrece. Y con el tiempo empezaron a llegar las visitas, los comentarios, los seguidores.... Y bueno, hasta hoy.

Y sinceramente, para ser mi primera y única experiencia en este mundillo, no me puedo quejar. Nunca, jamás, ni jarta' vino, hubiera imaginado que llegaría a tener tantos seguidores.
De hecho, nunca pensé que lo que yo fuera a escribir le pudiera interesar a alguien. Y estaba convencida de que cansarme y abandonar sería cosa de semanas.
Pero mira, parece que estaba equivocada.

Así que, de nuevo, gracias a todos los que pasáis por aquí y me leéis.
Muchas gracias por haber hecho de este blog, que nació de la nada, algo. Y algo importante, al menos para mí.

Seguimos.

...Mi siguiente experiencia relevante en el mundo 2.0 fue er Tuite'.



Muchos de vosotros no lo sabéis, -bueno, en realidad, casi nadie lo sabe-, pero tengo tres cuentas en la red del pajarico azul. Sí, aún no sé cómo no me he vuelto más loca de lo que ya estoy... pero así es. 3 perfiles en Twitter, cada uno de un "estilo" diferente y con un determinado público.

La que conocéis los que seguís mi blog es la que va vinculada al mismo: @GataTejados.
Bien, pues es la más joven y la que menos seguidores tiene. Y para ser sinceros, la que tengo más abandonadilla.
Me la abrí por estar en contacto con otros bloggers, y porque ahora está muy de moda eso tener un twitter asociado a tu blog.
Quizá el problema de esta cuenta es que me la creé cuando ya empezaba a estar un poco aburrida de Twitter. Y es que con esta red social me pasó un poco como con Facebook: que me fascinó en un principio, estuve mucho tiempo enganchadísima y luego, de la noche a la mañana, me cansé y la dejé.

Creé mi primera cuenta en Twitter a finales de 2010. Un poco como con todo: por probar esa red social de la que tanta gente hablaba. Como mi punto fuerte nunca ha sido la brevedad, pensé que jamás conseguiría dominar una red social cuya premisa es precisamente ésa: la brevedad.
Pero también me equivoqué.

A esa primera cuenta le tengo un cariño especial. Fue como el primer amor. Con ella descubrí qué es Twitter y aprendí cómo funciona. Al principio, como todo el mundo, iba más perdida que Belén Esteban en la Complutense y no me enteraba de nada; pero con el tiempo fui aprendiendo de qué iba el asunto: descifré su lenguaje, descubrí qué eran aquellas siglas de los RT, los FAV, los TT, el TL y el #ff, y  aprendí a utilizar los #hashtags. Le pillé el punto, vamos. Aunque me costó...

En aquella primera etapa me reí muchísimo y conocí a gente ingeniosa y divertidísima. También a gente gilipollas absurda que se cree que todo vale para conseguir un puñado de seguidores.
Descubrí el fenómeno "tuitstar". Y no me tembló la mano a la hora de hacer Unfollow + Block a quien me tocaba los cojones las narices más de lo necesario.

Se podría decir que en esa cuenta interpretaba un papel. No era yo. Era como un alter ego. Una versión mía más cañera, más sarcástica y sin pelos en la lengua.
Y quizá fue por eso que esa cuenta consiguió un cierto éxito. Mucho más del que yo hubiera pensado a priori.
Actualmente, tengo en ella algo más de 1.000 seguidores, cosa que jamás habría imaginado.
Hubo tuits míos que fueron muy retuiteados y faveados; otros, descaradamente plagiados. Me citaron y me mencionaron en algún que otro programa de TV, e incluso aparecí en las tendencias de mi ciudad.

No penséis que estoy vacilando.
En un principio tuvo su gracia, más que nada por lo inesperado de la situación. Pero la verdad es que todo aquello me acabó superando un poco; no estaba preparada y empecé a temer que se me fuera de las manos. Por otro lado, también estaba bastante decepcionada con el comportamiento de algunos usuarios de Twitter.
Así que, entre unas cosas y otras, decidí irme durante una larga temporada. Y así lo hice. Desaparecí.
No sé si hice bien, porque luego he intentado volver en numerosas ocasiones, y nunca ha sido igual.
Pero creo que aquello tuvo su momento y, cuando éste pasó, ya no hubo vuelta atrás.

Después me abrí las otras dos cuentas. Primero una personal y "seria", con mi nombre y mi foto reales, que me sirve para relacionarme con compañeros de profesión y gente de mi mundo 1.0.
Y luego está la del blog.
3 experiencias tuiteras diferentes. Para que no se diga que no lo he vivido desde todos los ángulos.
Actualmente, las tres siguen activas, aunque me cuesta ser constante.
Intento llevarlas todas más o menos al día, pero sin demasiado éxito. Al final es cansino llevar tres perfiles de forma simultánea. Es como ser Superman, Clark Kent y otro más.

En fin... ésa es mi experiencia con Twitter. Para mí, es la red social definitiva. Creo que, si me tuviera que quedar con una sola, (bueno, aparte del blog, que ya es como un hijo para mí), sería con Twitter.
Y es que, aunque a veces me aburra, aunque me haya decepcionado en numerosas ocasiones, aunque ya no tuitee con tanta asiduidad, siempre acabo volviendo a ella. Tiene algo que me sigue enganchando, como una droga.

Y bueno, luego ya, también por probar, me hice un Tumblr, -totalmente cursi y anodino- y, como buena usuaria de iPhone, me creé una cuenta en Instagram,... ambas sin pena ni gloria.
No siempre iba a triunfar, ¿no? ;)
Pero eso, ya es otra historia.

Ahora, como no sé estarme quietecita y necesito constantemente cosas nuevas... me estoy planteando abrir otro blog. Algo totalmente diferente. Quizá en Wordpress. Con otra temática. Con otro enfoque.
"Por probar".
Sí, sé lo que estáis pensando: "cómo no tienes bastante con éste, que te pasas semanas sin actualizar, ahora vas y te abres otro...".

Y es verdad. No sé al final lo que haré. Seguramente siga con éste y ya.
La experiencia me dice que "quien mucho abarca...". (Hoy estoy refranera-cansina).

Y vosotros... ¿me contáis vuestra experiencia con las redes sociales e Internet?

29 de septiembre de 2012

De vuelta


Hola a tod@s. STOP. Estoy bien. STOP. Bueno, más o menos. STOP. Sigo aquí, que ya es. STOP.
Si me habéis echado de menos y esas cosas... tranquilidad, STOP. Sigo viva. STOP.
No me han abducido los extraterrestres. STOP. No me han secuestrado las FARC. STOP. No, tampoco me han tocado los Euromillones ni me he largado a Bora Bora. STOP.
Ah, tampoco me han despedido... todavía. STOP.

Pongo el modo telegrama en OFF, y sigo en plan post-normal-de-los-de-toda-la-vida-de-Dior-y-seguro-que-largo-de-cojones-como-ya-es-habitual-en-mí.

Publiqué la última vez a principios de septiembre, y vuelvo al blog ahora que acaba el mes. Y bueno, quizá no os haya extrañado demasiado, dado que no soy de escribir 3 entradas diarias precisamente, sino más bien de escribir 3 entradas al mes. Es algo que debería hacerme mirar, porque tener un blog para eso... No sé, es tontería.
Alucino con muchos de vosotros, que conseguís publicar con tanta frecuencia. Os admiro, de verdad.

Pero en fin, para ser sincera no estaba de ánimo ni con ganas de pasarme por aquí.
Lo siento.
Éste ha siso un mes... para olvidar. Raro, raro. Y gris. Si agosto fue malo, septiembre ha sido peor con diferencia. Al menos, así lo he vivido yo.
No sé, empecé bien, pero enseguida me invadió una melancolía y una ansiedad muy extrañas y poco habituales en mí.
La razón, todavía no la sé. Pero desde luego, una de las cosas que menos me apetecían era escribir aquí y contar penas. Que para una vez que escribo no me voy a poner a contar que estoy hecha un trapo.
Entiendo que bastantes problemas tiene la gente como para encima aguantar mis movidas.

Han sido varias cosas, y  no ha sido ninguna. En realidad, no creo tener motivos reales para haber estado tan de bajón, más allá del tema del puto ERE, que como siga alargándose en el tiempo sin fecha fija, hará que acabemos todos como cabras. Esto ya es desquiciante.
Del palo (voz amplificada):

"EL LUNES QUE VIENE EMPIEZAN A COMUNICAR LOS DESPIDOOOOOOOOOOSSSSSSSSS!!!!!

Todos acojonados.
*Cri cri cri*
Pánico.
*Tic-tac-tic-tac*
Histeria colectiva.
El milenarismo va a llegarrrrrrrrrr....

........

Y el milenarismo no llega. Llega el lunes y no pasa nada. Seguimos vivos, pues. Vale. Chachi.

Una semana después:

EL VIERNES EMPIEZAN LOS DESPIDOOOOOOOOOSSSSSSSSSSS!!!!! ESTA VEZ DE VERDAD DE LA BUENA!

Y vuelta otra vez al acojone. Al pánico. A la histeria colectiva.


Pero luego llega el viernes y todo sigue igual.

Y mira, una ya no sabe qué es peor.
Yo de verdad, si me tengo que ir, que me lo digan ya, por favor.
Porque a mí, esta situación me está generando un nivel de estrés que empiezo a no saber gestionar nada bien.
Yo soy una persona bastante ansiosa y obsesiva. Necesito tener las cosas bajo control. Necesito saber qué pasará mañana. Ya sé que es estúpido, pero es que yo soy estúpida y "me gusta" sufrir gratis.
Nadie puede tener el control absoluto sobre su vida. Nadie sabe a ciencia cierta qué le depara el mañana.
Y menos a mi edad.
Pero yo necesito estabilidad. Me obsesiono con el qué pasará y tiendo también a mirar al pasado con nostalgia. Soy también muy de "cualquier tiempo pasado fue mejor" y esas tonterías.
De forma que no vivo el presente; o lo vivo angustiada.

Eso de forma habitual y en condiciones normales.
Así que imaginad cómo puede vivir una situación como un más que probable despido masivo alguien como yo.
Y si no lo suponéis, ya os lo digo yo: MAL. Muy mal.

De hecho, lo he llevado bastante bien hasta ahora. Extrañamente bien, teniendo en cuenta cómo soy.
Pero fue llegar septiembre y algo dentro de mí, en mi cabeza hizo: *¡Clinc! FATAL ERROR. 404 NOT FOUND*.

Y sin saber muy bien cómo ni por qué, empecé a agobiarme mucho y a cuestionarme muchas cosas.
Y esa negatividad, esa ansiedad y esa sensación de que nada es estable y que todo se puede venir abajo de un momento a otro, acabó por invadirme y superarme. Y la extrapolé a otras facetas de mi vida.

Por momentos, sentía que todo se iba a pique. Que ya nada sería como antes.
Que mi vida, tal y como había sido hasta ese momento, o al menos, en los últimos años, iba a cambiar radicalmente.
Esto no tiene por qué ser necesariamente malo. Lo sé. Pero yo, de entrada, veo los cambios como algo negativo. O al menos, desequilibrante. Y me pongo ya a la expectativa para que no me pille desprevenida.

Así que lesa sensación de que todo es provisional y mutable me ha afectado bastante a la hora de encarar el día a día, e incluso en mi relación de pareja.
De repente, todo eran ideas obsesivas y recurrentes sobre situaciones extremas. Todo era horrible.
Finales. Rupturas. Adioses. Nostalgia. Cambios. Ansiedad. Más ansiedad. Tristeza. Angustia.
Y vuelta a empezar.

No sé si me estoy sabiendo explicar. Quizá todo esto que os estoy contando os parezca una ida de pinza total. Y no os faltaría razón.
Yo misma no lo entiendo muy bien. Y a veces creo que estoy mal de la olla y que lo que e realidad me pasa es que no tengo problemas gordos y reales. De modo que me busco preocupaciones innecesarias. Y desproporcionadas.
Soy estúpida, ya lo he dicho, ¿no?

Así, he dejado de vivir la vida plácidamente y esperar tanquilamente que venga lo que tenga que venir y he empezado a angustiarme por algo que, de momento, no se ha producido. Es como si me estuviera anticipando a lo malo, sin saber muy bien qué es eso tan malo.

Quizá no tenga demasiado sentido, pero así es como he vivido yo este mes de psicosis total.
Según pasan los días y todo continúa igual, parece que me voy relajando y animando. Aunque algo de ese poso de tristeza y de ansiedad permanecen. Es como si mi mente se resistiera a dejar de estar alerta, por lo que pudiera pasar.
Y al fin y al cabo, si lo pienso, tampoco es para tanto. A ver sí: es una putada quedarse en el paro en este momento. Pero no se acabaría el mundo.
Incluso podría ser algo positivo. Los orientales en el cambio y la crisis ven oportunidad.
Ya, pero yo  no soy oriental. Yo me ciego con lo malo y lo veo todo negro y creo que todo irá a peor. No sé relativizar.

Por eso, en ese estado de angustia y de negatividad, preferí alejarme de todo esto.
No quería contaminar el blog ni os quería agobiar con toda esta historia, además de que cada vez que intentaba ponerme ante la pantalla en blanco, no me salía nada.
Así que lo dejé estar. Estas cosas no hay que forzarlas, sino que surgen, supongo.

Y en fin, hoy me ha vuelto a surgir la necesidad de asomarme un ratito por aquí y saludaros, contaros un poco cómo me va y desahogarme. Al fin y al cabo, el blog también sirve para eso.

Confieso que, aunque he estado bastante apartada de este mundo, sí he ido siguiendo muchas de vuestras andanzas, aunque casi siempre en silencio.
Y es que me apetecía saber de vosotros, pero no tenía ganas de comentar. Sobre todo porque no me veía en disposición de dar un consejo o mi punto de vista, cuando ni yo misma me entiendo.
No quería hacer como el refrán: Consejos doy que para mí no tengo.

Pues eso, que aunque mis intervenciones han sido en ocasiones muy contadas, he seguido asomándome por vuestros blogs. Y me he reído con cosas divertidas que habéis contado, me habéis hecho sonreír en muchos momentos, habéis puesto algo de luz en tanta oscuridad, me habéis dado consejos sin saberlo o habéis escrito la palabra o la frase que necesitaba leer justo en ese momento...
Así que: gracias.

También me he entristecido al leer a otros que también estáis pasando vuestro bachecillo particular. En fin, no estoy sola, por lo que veo. Y lo mismo os digo: no estáis solos.
Parece ser que vienen tiempos difíciles y la cosa no tiene pinta de mejorar a medio plazo. Pero las cosas no se pueden cambiar. Lo único que podemos hacer nosotros es modificar la forma en la que las afrontamos. Y eso es lo que estoy intentando mejorar.
Intentar ver lo positivo de las cosas, aunque sea difícil. Intentar afrontar el día a día con una sonrisa, pues soy consciente de que hay gente que está mucho peor. Y disfrutar el aquí y ahora sin obsesionarme con el qué pasará ni idealizar excesivamente lo que ya pasó.
Decirlo es fácil. Lograrlo, no tanto. Pero bueno, en ello estamos.

¡Ah! No puedo ni quiero despedirme sin dar las GRACIAS, así en mayúsculas, a una persona que conocí en el mundo Blogger (aunque ahora ya es también 1.0), por su apoyo constante, por sus palabras, sus consejos y sus ánimos. 
Por hacerme sentir que no estaba sola. Por estar ahí, siempre que lo he necesitado. A pesar de los 300 y pico kilómetros que nos separan, ha sido como si estuviera ahí mismo. 
MIL GRACIAS, de corazón. Ya sabes. ;****


No sé cuándo volveré por aquí. Y la verdad, paso de obsesionarme con ello, bastantes obsesiones me busco yo solita.
Quizá en unos días esté de nuevo por aquí soltando paridas, o quizá pase otro mes. Ni idea.
Obviamente, esto no quiere decir que vaya a cerrar el blog y desaparecer por completo, pero es cierto que necesito perspectiva y reflexión.
Os sigo leyendo, y posiblemente empiece a comentar más a menudo.
Ah, y por cierto, ¡bienvenidas, nuevas seguidoras y gracias por quedaros en mi tejado! :) No imagináis la alegría al ver cómo se sumaba más gente al blog, a pesar de estar desaparecida en combate.

En fin, que espero estar de vuelta pronto, con energías renovadas, ánimo y más cosas que contaros.
Besos a tod@s y feliz otoño.




2 de septiembre de 2012

Cosas que trae septiembre


Bueeeeeno... Acabó el largo mes de agosto y de manera inevitable, llegó septiembre.
El verano ya va tocando a su fin. Bueno, en realidad la estación, porque lo que es el verano como concepto o vivencia sí que ya lo podemos dar por finiquitado. Y yo, en un ejercicio de originalidad sin precedentes (modo irónico ON), traigo hoy una entrada con "esas cosas que vienen de serie con el mes de septiembre". Si las queréis bien; si no, os jodéis.
Alguna en concreto, viene en exclusiva, con ESTE mes de septiembre.

A saber...

-La subida del IVA. Con dos cojones. Ha sido empezar el mes en que, por razones diversas, se multiplican los gastos, -hasta el punto de que ya se habla de la "cuesta de septiembre"-, y... ¡¡¡¡ZASCA!!!! Nos jod...suben el IVA un poco más.
Llenar el depósito de gasolina, hacer la compra, ir al gimnasio, a la peluquería, al cine, al teatro, a un concierto, etc; follar (con condón), renovar el armario, adquirir el material escolar de los nenes, comprar el paquete de tabaco... Todo esto y mucho más, nos va a costar "algo" más caro. Porque oye, como vamos sobrados de dinero y de prosperidad, como no hemos hecho suficiente esfuerzo ya, como somos todos millonarios, vamos a contribuir un poquito más a las arcas del Estado. Un agujerito más en el cinturón, pofavó.


Esto... ¿alguien me puede decir si la vaselina cuenta como medicamento o como cosmético? Es que tributan diferente.
Lo digo porque habrá que ir bien servidos, que al paso que van nuestro Gobierno y la Unión Europea, aún  nos van a dar un poco más por...Que se están pasando 20 pueblos, hombreya... 

-La vuelta al cole. Que con el punto anterior va a ser especialmente dura para muchas familias. En realidad, para la gran mayoría, a excepción de Cristina y "Pillaki" y similares personalidades que nacieron con una flor en el culo.
Eh, no lloréis, que podría ser peor: en un acto de magnanimidad suprema por parte de éste nuestro Gobierno, ¡los libros de texto se mantienen en el impuesto superreducido! Si es que... os quejáis de vicio.

-La reentrée. Algunos llevamos ya un mes trabajando, así que tenemos superada esta fase. Otros muchos, por desgracia, no tienen ningún sitio a donde "reentrar", y seguirán en su casa. En el paro. En fin, a los que sí os incorporáis, mucho ánimo, no vayáis a coger una...

-Depresión (o síndrome) post-vacacional. Un clásico de estas fechas. Y es que cuesta, vaya que si cuesta: dejar la playa o el pueblecito de montaña; la casa rural o la ciudad cosmopolita; las siestas interminables, las noches hasta las tantas tomando copas, la familia y los amigos, el ligue de verano; las horas y horas en la piscina hasta acabar arrugados como garbanzos, el relax, la tumbona, el no tener que hacer nada, las lecturas veraniegas; volver a programar el despertador y madrugar; la vuelta al tajo y a las preocupaciones, al estrés, a verle la cara de pitbull al jefe, etc. Durillo, seh. Pero se pasa.

-Bajada generalizada de las temperaturas. Después de las múltiples olas de calor sahariano de agosto, llega septiembre y la temperatura nos da una tregua. Ya se puede dormir por las noches. No hace falta encender el aire acondicionado y puedes incluso medio taparte con la sábana sin riesgo de morir cocido. Al menos, donde yo vivo.

-Consecuencia del punto anterior: Tener que empezar a pensar en el tan odioso y temido... CAAAAAAAMBIO DE ROPA DE TEMPORAAAAAAADAAAAA...
Sí, vale. Ahora me diréis que estoy to' loca, que es demasiado pronto para empezar a pensar en eso. Yo misma ha sido pensarlo y desechar la idea:  "¡Si todavía tié que hacer calooooooor! ¡Si aún no viene el fríooooooooo! ¿Ande vas con esas prisas, muchacha?
Pues eso, que como siempre hay -500 de ganas de guardar la ropa de verano y sacar la de otoño-invierno, mientras no hace verdadero frío o verdadero calor, pues lo vamos dejando pasar.
Sobre todo en mi tierra, donde las estaciones intermedias prácticamente no existen. Pasamos de "Mareeeeeeee, quina caloooorrrrr" a "Yeeeee, tu, menuda rasca!".
Así, hasta que llega el día en que empiezas a tiritar de frío con la camisetica ridícula de tirantes en pleno mes de octubre, (aunque tú negarás incluso bajo torturas que tengas frío) o a sudar como un pollo con el jersey de angora en mayo (aunque, si te preguntan, tú dirás todo digno:  Calor, ¿yo? Qué dices, si hace fresquete...).
ESE día estás perdido. Tu cerebro te dice: "Xe, va, toca ya cambiar la ropa, ¿no?"
Y sí, toca. Por cojones.
Y entonces es cuando te encantaría vivir en Canarias o en el Caribe o en otro sitio random donde la primavera es casi perenne.
Porque eso de sacar las cajas de plástico transparente de debajo de la cama o del altillo del armario y encontrar dentro toneladas de jerseys y chaquetas de años anteriores, olvidados, arrugados y casi amojamados cual momias egipcias... pues no, no mola nada.
Pero como no aprendemos, ese invierno, caemos en la tentación y nos compramos unos cuantos jerseys más, -porque es que son taaaaan monos, y estan taaaaan nuevos- que acabarán engrosando las cajas de los ya existentes. Y cuando llegue mayo y haya que guardarlos TODOS, los nuevos, los viejos y los momificados, (porque tú no tiras nada) para sacar, al fin, las camisetas, falditas, bermudas, etc., te querrás cagar en todo.

Y si se quedara sólo en la ropa que nos ponemos, pues, vale, aún tira que te va. Pero... ¿y la ropa de hogar? Quie'cir: sacar mantas, colchas, cubres, edredones, nórdicos... Y todo lo demás.
Uf qué perezón me está entrando ya...

-El otoño en elcortinglés. Al cual le seguirá inmediatamente la... Navidad en elcortinglés. Sí. Esto es: a finales de octubre, como muy tarde principios de noviembre, ya empiezan a poner la decoración navideña (que a su vez implica el siempre inefable hilo musical navideño). Y así, hasta el 7 de enero.
Dos meses largos de Navidad. El horror. Pero bueno, de momento, sólo es otoño. Que no cunda el pánico.

-Otro clásico: la vuelta al gimnasio, a hacer ejercicio, a la dieta sana, y, en general, a todas las buenas costumbres olvidadas y abandonadas a su suerte al empezar el verano. Septiembre es el nuevo enero. Empieza el año escolar, el año lectivo, y nos hacemos de nuevo nuestra lista de buenos propósitos, los cuales, seguramente, se quedarán en eso: en propósitos que volveremos a retomar el 1 de enero del año siguiente para volver a aparcar aproximadamente a mediados de febrero. Y así, en un bucle de buenas costumbres y buenos propósitos aplazados hasta el infinito.

-Los fascículos y coleccionables de gilipolleces.
Ayyyyyyy, el maravilloso mundo de las colecciones...  ¡Hay tanto donde elegir! Las casitas de muñecas. La maqueta del Titanic: "Primera entrega: el ancla y el timón" (Tiempo estimado para montarte el barquito entero: 200 años). Trenes de colección. Aviones de la Segunda Guerra Mundial. Soldaditos de plomo. El Ferrari de Fernando Alonso. Cajitas de porcelana. Abanicos de grandes diseñadores. La revista "Jara y sedal". La enciclopedia Espasa. Las razas de perros/gatos/pájaros/peces/reptiles y demás bichos. Mariquita Pérez (que a mí siempre me ha dado mucho yuyu). Los cuentos de Teo. Hello Kitty, Pocoyó, Tarta de Fresa, Dora la Exploradora y demás amigachos. Érase una vez... La vida, El cuerpo humano, la Historia, los Inventores, etc. (Inciso: ¿os acordáis de que, daba igual que fueran virus, bacterias o los villanos de la Historia, que siempre, siempre, siempre, tenían la misma cara? Estaba el enano pelirrojo narizón y el gordo moreno tonto. xD)
¿Qué más? Las piedras preciosas y sus propiedades. El curso de pintura. El de cupcakes. El de punto de cruz. El de informática y programación para Dummies. Y, cómo no, los idiomas...
English/Français/Deutsch/Italiano/Português... 
¿Os imagináis cómo puede quedar eso en un currículum? Nivel de inglés: 8 fascículos del curso BBC English de Planeta Agostini.
Ehmmmmmm. Mejor no lo pongas.

En fin, mis queridos gatitos... Que septiembre ya está aquí, con todas las letras, y con esas cosas típicas que siempre lo acompañan.
Y ahora me voy, que tengo que matricularme en el gimnasio, sacar la ropa de otoño, poner gasolina, comprarme una chaqueta en el Otoño delcortinglés... ¡Ah! Y reservar mi coleccionable de bolsos de macramé.
¡Feliz reentreé! ;D


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