8 de agosto de 2010

Reencuentro

Ayer, iba paseando por el centro de Valencia.

J.J. trabajaba todo el día y a mis amigas las tengo desperdigadas por ahí: unas de vacaciones, otra que acaba  de ser mamá y no tiene tiempo para nada que no sea su bebé...

En fin, que iba sola.Y en eso que entro en la Casa del Libro. Me encanta esa librería. Podría pasarme una tarde entera mirando títulos: best-sellers, novedades editoriales, clásicos, cómics, libros de arte, de moda,...

Vamos, que para mí, la Casa del Libro es un paraíso.

Y ahí estaba yo, hojeando un ejemplar de Los ojos amarillos de los cocodrilos, el último exitazo literario en Francia, cuando de repente, alguien me toca el hombro y una voz masculina me dice: ¡Hey, Gata! ¿Qué tal?

Me giro y veo a un chico sonriéndome.

Tardé unos segundos en reconocerlo. (Qué vergüenza. Aunque, afortunadamente, creo que él no se dio cuenta de mi torpeza).

Pero es que... ¡había cambiando tanto desde la última vez que lo vi...!

Al ir a darle dos besos y saludarlo, me embriagó su olor. Llevaba colonia... y de las caras. ¿Él con colonia? ¡Sí, definitivamente, había cambiado mucho!

Así, empezaron las típicas preguntas: ¿Cómo te va? ¿Qué es de tu vida? ¿Por dónde paras? ¿Qué haces ahora?...

Decidimos salir a la calle, para poder continuar con la conversación tranquilamente, sin molestar a los demás clientes de la librería.

Allí estábamos, en plena calle Colón: dos personas que, en su día, compartieron algunas, bastantes cosas y que hacía siglos que no se veían. Porque aquello quedaba tan, tan lejano... Concretamente, habían pasado 8 años.

Conocí a Álex en un curso de francés, el año que yo estudiaba cuarto de carrera. Él, por su parte, intentaba sacarse, por segunda vez, quinto de Historia. Iba poco a poco, como él mismo reconocía.

Era un tipo peculiar: con su melena que a veces recogía en una coleta, su barbita de algunos días y sus gafitas metálicas, me recordaba vagamente a John Lennon.

No era nada pijo, sino todo lo contrario. Más bien era alternativo. Solía llevar vaqueros desgastados y camisetas o sudaderas bastante hechas polvo. Odiaba las marcas. Y es que en aquella época, iba de "comunista convencido". Pero comunista de manual: tenía El manifiesto comunista de Marx y Engels en su mesilla de noche.

Por eso, me sorprendió tanto verlo ayer con el pelo corto, perfectamente afeitado, con gafas de pasta, bermudas y camiseta surfero-pijas, y zapatillas Nike.

Parecía otro. ¿Se había aburguesado? ¿Había renunciado a sus ideales? ¿Se había dado cuenta de que el comunismo es una utopía? ¿Había sucumbido a los encantos del capitalismo? Parece que sí.

Volviendo a nuestra historia: Álex y yo conectamos desde el principio. Él me parecía un tipo realmente interesante, divertido e inteligente. Físicamente no era un guaperas, pero tenía su punto. Sobre todo los ojos. Tenía unos ojos verdes realmente impactantes. Preciosos.
La verdad es que nos reíamos mucho, porque teníamos un sentido del humor bastante similar.

Aunque no fuimos los únicos en hacer amistad: Álex se hizo bastante amigo de Joan, otro chico tan alternativo como él, mientras que yo me relacionaba sobre todo con una chica llamada Lucía.

Lucía estaba en segundo de derecho y era pija no, pijísima.
De vaqueros Levi’s, mechas rubísimas, pendientes de Tous, zapatillas Reebok y Volkswagen Polo que le había regalado su papá en cuanto se sacó el carnet de conducir. Era ideal.

Al final, acabamos haciendo piña los cuatro, y cada vez era más frecuente vernos en el bar de la esquina, tomando un café o una Coca-cola después de clase. Recuerdo aquellas tardes de risas, fútbol, pseudo-panfleto político, repaso de lo dado en clase, etc...

Pronto, las quedadas para después de clase empezaron a sabernos a poco, y empezamos a quedar también algunos viernes por la noche o sábados. Íbamos al cine o a tomar una copita, y solía acompañarnos también la novia de Joan.

Efectivamente, en aquel momento, sólo Joan tenía pareja. Los demás, estábamos solteros. Y, cómo no, cuando hay chicos y chicas juntos y sin pareja... al final, acaba surgiendo algo.

Entre nosotros se formó un triángulo amoroso que "pa’ qué".

A Álex empecé a gustarle yo. Y a mí, la verdad es que también me hacía "tilín".
Para rematar, Lucía estaba coladita por Álex.
Sí, la pija por antonomasia, loquita por los huesos del comunista alternativo. Y es que, como se suele decir, los polos opuestos se atraen.

Pero no era algo mutuo: Álex pasaba bastante de Lucía y ella lo llevaba fatal.

Con todo, ella no se rendía: le mandaba sms a Álex para cualquier tontería, lo agregó al msn para chatear con él, e incluso más de una vez lo llevó en su coche a la academia de idiomas.
Se convirtió en su mejor amiga.

Aunque él seguía viéndola como eso: una amiga... y seguía intentando ligar conmigo. Me mandaba sms para preguntarme cómo había tenido el día, me decía que iban a quedar, que a ver si me apuntaba... Y a mí cada vez me gustaba más, aunque sabía que tenía una rival: Lucía.

Una noche, quedamos los cuatro más la novia de Joan para cenar y después salir de copas.

Lucía se puso su modelito más espectacular. Era su gran noche. Estaba convencida de que iba a triunfar con Álex. De hecho, se sentó a su lado y estuvo toda la cena haciéndole ojitos.

Después de cenar, fuimos al Carme, zona de pubs y marcha por excelencia.

A eso de las 3 de la mañana, íbamos ya bastante "contentos"...

En el pub, yo tenía a Álex cada vez más y más cerca. Me hablaba cada vez más al oído. Notaba su aliento, su aroma, su calor... Y por encima de su hombro, podía ver a Lucía fulminándome con la mirada, apurando su cubata y diciéndole algo a Joan. Parecía realmente jodida.

Llegó la hora de irse. Álex me acompañó a casa, mientras que Joan y su novia acompañaron a Lucía. Cuando me despedí de ella, tuve la certeza de que nuestra breve amistad había acabado esa misma noche.

Llegamos a mi casa: Álex y yo continuamos charlando un ratito dentro del coche... De repente, me atrajo hacia él, empezó a besarme dulcemente, mientras metía una mano bajo mi camiseta.
Yo le seguí el rollo. Me encantaba.
La verdad es que esa noche fue inolvidable.

Estuvimos besándonos mucho rato, también estuvimos hablando, riéndonos... Pero yo no podía evitar pensar en Lucía y en cómo se lo tomaría.

El caso es que se nos pasó el tiempo volando en el coche. Eran más de las 6 de la mañana, cuando entraba en mi casa.

Así pues, Álex y yo empezamos a salir. Pero fue una relación bastante efímera. Apenas estuvimos tres meses juntos. Yo creía que, si como amigos nos llevábamos tan bien y nos reíamos tanto, como pareja sería aún mejor. Pero me equivoqué.

La verdad es que fue una relación un poco desastrosa. Para mí fue decepcionante. Aunque eso sí, debo decir que como amante, Álex era bastante bueno.

A todo esto, Lucía se lo tomó bastante mal, como era de esperar. Conmigo apenas hablaba, aunque mantenía contacto con Álex de vez en cuando.

Sobre mi relación con Álex, es cierto que me gustaba, y que lo pasábamos muy bien juntos, pero había una cosa que no me gustaba de él: no era nada detallista, ni romántico. Era de esos chicos que nunca te dicen lo guapa que estás, lo mucho que le gustas... y aún menos “Te quiero”. De esos que piensan que si están contigo es porque les gustas; si no, no estarían contigo. Que no hace falta demostrarlo.

Pero yo necesito que un hombre tenga detalles conmigo. Que me demuestre que me quiere.
Necesito un poco de romanticismo. Sí, lo reconozco: soy una romanticona. ¿Qué le voy a hacer?

Entonces, las cosas empezaron a ir mal entre nosotros. Yo estaba frustrada porque no tenía lo que quería. Y él no podía o no sabía dármelo. No le nacía ser detallista ni cariñoso.

Y a mí no me bastaba con reírme con él. Eso ya lo tenía cuando éramos colegas. No me bastaba con que el sexo fuera bueno.
Necesitaba sentirme especial, sentir que era importante para él. Sentir que me quería de verdad, que no era un rollo pasajero.

No quería un anillo de brillantes, claro que no. Simplemente, un sms cariñoso de tanto en tanto. Alguna palabra cariñosa, algún piropo.

Que fuera a recogerme por sorpresa a la facultad.

Que me llevara al cine a ver esa peli que a mí me apetecía tanto ver, aunque a él le horrorizara.

Alguna cenita en un sitio bonito.

...

No sé, esas cosas. Con Álex, eso era casi impensable. Éramos tan diferentes...

Al final, la chispa se extinguió... La cosa no daba más de sí. Y decidimos dejarlo de mutuo acuerdo. Pero con la intención de seguir siendo amigos.

Entonces, Lucía, por fin, vio el camino libre. Y contraatacó: no paró hasta conseguir a Álex.
Le mandaba sms para animarlo y para quedar con él constantemente, se pasaba las horas en el msn, chateando con él, quedaban juntos a tomar algo...

Cada vez que me conectaba al msn, ahí estaban ellos. ¿Es que no hacían otra cosa? Yo pasaba de unirme a la conversación y enseguida me desconectaba. O ponía mi estado como "No conectado". Pero me moría por saber de qué estarían hablando.

Afortunadamente, el curso acabó y llegó el verano. Como no había clase, no tenía que verlos cada semana. Me fui de vacaciones e intenté desconectar y olvidarme de todo aquello.

Acabado el verano, una tarde de septiembre, recibí un sms de Álex. Me preguntaba qué tal había pasado las vacaciones. Y me decía que él y Lucía estaban juntos.

"Genial. Gracias por restregármelo por los morros", pensé para mis adentros. Sí, nunca tuvo mucho tacto.

La verdad es que no me sorprendió nada. Le contesté fríamente y le deseé suerte con "Ella".

Sé que estuvieron juntos casi dos años. (Vaya, al final, el comunismo y el pijerío eran más compatibles de lo que yo creía).

Mantuve el contacto con Álex un tiempo. Si habíamos sido amigos primero y pareja después, no tenía sentido cortar la relación de golpe. Además, él quería mantener la amistad conmigo.
Así que yo intentaba hacer ver que aquello no me afectaba. Que incluso me alegraba por ellos. (¡Mentira!)

Y tan bien disimulé, que Álex se lo creyó y hasta me contaba detalles de su relación con Lucía. Como si fuéramos colegas.
Pero los celos me comían, ésa era la verdad.

¿Por qué conmigo no había funcionado y con ella era todo tan idílico? Con Lucía sí parecía tener detalles que conmigo nunca tuvo. Parecía realmente enamorado. Atontado.
Él, que me había dicho en su día que nunca se fijaría en una chica como ella.

Sí, sentía unos celos ridículos, que no veían para nada a cuento: lo nuestro había acabado, Álex era libre... pero no podía evitar sentirme así. Y me fastidiaba realmente sentirme así. Quería borrarlo de mi cabeza pero cuanto más intentaba no pensar en ellos, más me acordaba.

Era como si, viéndolos juntos, sintiera que había perdido mi oportunidad con Álex. Que había dejado escapar a un chico fastástico por ser tan caprichosa.

Y lo que más me molestaba: ¿por qué tenía que ser precisamente con Ella? ¿No había otra chica?

Al final,  Álex y yo acabamos perdiendo el contacto. Nuestra amistad, ya tan falsa, se enfrió.
Lucía y yo no teníamos lo que se dice buen rollo y a ella no le hacía gracia que yo hablara con él, algo por otro lado muy normal.

Además, yo no quería seguir disimulando. ¿Para qué? Necesitaba pasar página. Aquello no tenía sentido.
Así que dejamos de hablar y de vernos.

Y pasó el tiempo...
Nuestro contacto se redujo a algún e-mail de vez en cuando, para ver cómo nos iba, o a algún sms de felicitación de Navidad y Año Nuevo. Poco más.

La última vez que vi a Álex fue también un encuentro casual por la zona de facultades, hace ya 3 años o así. Ya no estaba con Lucía, según me contó.

Me dijo que la cosa entre ellos había acabado mal. Ni siquiera mantenían el contacto.

Y ayer, otra vez, me encuentro con él.
Pero ya no era el Álex que yo recordaba. Estaba distinto. Ya no sólo físicamente. También su forma de ser.

Parecía mucho más serio, más maduro. Era como si hubiera sentado la cabeza.  Me contó que estaba opositando para profesor de Geografía e Historia. (La última vez que hablamos había acabado la carrera, al fin).

También me dijo que tenía novia un año y medio ya, pero que ahora ella estaba en Londres estudiando. Se le veía enamoradísimo.

Yo le conté mi situación laboral y sentimental actual y pareció alegrarse sinceramente. De hecho, me dijo: “Me alegro que todo te vaya tan bien y que estés tan enamorada. Te mereces lo mejor”.

Vaya, me sorprendió que él dijera una frase así. Realmente, había cambiado mucho.
Y así, sin más, nos despedimos, deseándonos suerte.

Recuerdo que me giré y estuve observándolo mientras se alejaba.

Y me alegré de que las cosas entre nosotros hubiran salido justo como salieron. No podía haber sido de otra forma.


*PD: ¡¡Este blog tiene ya 30 seguidores!! Muchas gracias a todos ellos, a todos vosotros... y gracias también a los que me leen sin seguirme.

¡Besos!



14 comentarios:

  1. ¡Bonita historia! ¡Y con final feliz!
    Escribes genial, haces ver como te sientes con pocas palabras, y eso me encanta.
    ¡Besos!

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  2. Ei, bonita la historia, es increíble el mundo de los antiguos amores.

    A veces, cuando ves cómo ha cambiado tu ex-algo, te das cuenta lo que has cambiado tú:) No sé si te pasa,pero yo me doy cduenta de los años, cuando veo a los demás. Me digo: "Sí, hija, ya vas para los 30", jeje:)

    Un besito y te seguiré leyendo. Ya me has enganchado. Ala!

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  3. Yo también me he reencontrado con algún ex y siempre, siempre, me he alegrado de que las cosas hubieran terminado. No porque ya no me cayeran bien o porque acabáramos mala, sino porque con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que no funcionaba porque no era posible... lo que pasa es que esas cosas no las ves en el momento. Me alegro de que tuvieras un buen final :) Un beso! Por cierto, cuando se cure vas a poner alguna foto del tatuaje?

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  4. Me ha encantado la historia.

    Y sí, las cosas cuando terminan, es por algo y siempre para mejor..lo que pasa es que eso lo vemos cuando hay perspectiva, cuando lo vemos desde lejos.

    Y sí, no veas qué de parejas veo yo que no pegan ni con cola, ni física, ni estilística ni socialmente hablando!!!

    El amor es muuuuuu raro!!

    Genial post. Un beso

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  5. Bonita historia.
    Yo espero no reencontrarme nunca con mi ex... era un cabrón!!

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  6. Que bien contada esta historia de tu pasado. Es bonita y romántica, aunque acabara. Cuando ocurre eso siempre se oye decir a alguién: No hay mal que por bien no venga. Y ese momento no lo vemos ni por asomo. Siempre tiene que pasar un buen tiempo, para ver que era cierto.

    Por cierto, yo soy como tu, necesito "atenciones" cariños, ternura...soy una romántica empedernida también :)

    Un abrazote! Y que tengas buena semana!

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  7. Hola:

    Lo cierto es que siempre es así.

    Me ha gustado mucho tu entrada, eres muy sincera.

    Besos.

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  8. Hola Lau! bienvenida de nuevo!!

    Final feliz... sí, ahora, a toro pasado, sí. Álex y yo no teníamos futuro, una cosa es pasártelo bien con una persona y llevarte bien con ella, y otra muy distinta, que sea el amor de tu vida. Y eso fue lo que nos pasó a este chico y a mí...

    Muchas gracias por lo que dices de mi escritura.. hago lo que puedo. Pero me alegro de que te haya trasmitido algo, que te haya llegado. ;)
    Un besito!

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  9. Hola INTERsexCIONES!
    Sí, todos cambiamos, es inevitable... El tiempo no pasa en balde.

    Y si él había cambiado, yo también habré cambiado, seguro.
    Lo que pasa es que, como yo me veo todos los días, no me lo noto, jaja. A él se lo noté porque hacía años que no nos veíamos.

    Ah, y yo también voy para los 30.. jeeejeje. La semana que viene, cumplo los 29... bufff, qué perezaaaaaa!

    PD: Muchas gracias por tu comentario en los Premios 20 Blogs.
    Eres un encanto!!

    Cuándo actualizas tú??
    Besos!

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  10. Hola M: totalmente de acuerdo contigo!

    Cuando te reencuentras con un ex (aunque ya digo que Álex tampoco fue un novio-novio, sino una relación bastante pasajera, pero... bueno, ex al fin y al cabo), te das cuenta de que todo pasó porque tenía que pasar. Y acabó, porque tenía que acabar.
    No tenía futuro!
    Y sí, con la perspectiva que da el tiempo, te alegras de que al final, las cosas fueran de esa manera. (Aunque en su momento te preguntaras por qué la cosa acabó.

    PD: Sí, pondré foto del tattoo, cuando se me cure del todo!!
    Un beso!

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  11. Hola cactus girl!! Me alegro de que te haya gustado la hitoria, ya ves, los amores de juventud, jeje(lo digo como si tuviera 70 años, jjajajaja).

    Y sí, cuando lo ves con perspectiva, te das cuenta de que aquello no iba a ningún lado y que lo mejor fue que acabara. (O más bien, lo lógico es que acabara, porque no hubiera funcionado).

    Tienes razón: el amor es muuuuuuuuuu raro, pero no podemos vivir sin él, eh??? ;)

    Besos, guapa!

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  12. Hola DANYGIRL!!
    No pienses en tu ex, piensa en ÉL, que es quien te hace feliz. El pasado, es pasado.

    Y me alegro mucho de que estés viviendo una historia tan bonita y de que estés tan enamorada. Te lo mereces!!!!

    La vida siempre nos da una segunda oportunidad... Sólo hay que saber esperar.

    Un besito!!

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  13. Hola Gata Negra!

    Aquella historia acabó, pero fue lo mejor que acabara.
    Y tienes toda la razón: en ese momento, no lo ves así, y aunque te digan: "es mejor así", tú no quieres creértelo.

    Porque aún sientes algo por esa persona y te da rabia y pena estar de repente sola, y encima, saber que él está con otra persona ya, que te haya "olvidado" tan pronto, (en mi caso, fue además con quien menos me hubiera imaginado)...

    Pero sí, hoy día, digo: Menos mal que acabamos!!

    Eso sí, me alegro de que todo le vaya bien y le deseo lo mejor.

    Un besote, "romanticona"!! Tú eres de las mías! ;)

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  14. Hola Mar!

    Me alegro de que te haya gustado la entrada.
    La verdad es que es raro reencontrarse con alguien de tu pasado, así, de repente, sin esperártelo...

    Ese reencuentro me dio pie a recordar lo que vivimos juntos él y yo...
    Pero bueno, eso es agua pasada y yo soy ahora muy feliz con mi relación actual y con mi vida.

    Espero que tú estés mejor y más animada.

    Un besote!

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